El vagabundo y su sombra

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Ilustración: Mavi

El Vagabundo y su Sombra

Un vagabundo, con su casa/mochila a cuestas, estaba de pie junto a una pared desnuda en una plaza solitaria. Pasé junto a él con disimulo. Vi que, mientras se fumaba un cigarrillo, observaba a su sombra en la pared. Le hablaba a la sombra con mucha confianza. Disimuladamente me senté en un banco cercano a observarle. Hubiera querido hacerle una foto y grabar su conversación, pero mejor no quise arriesgarme.

—¿Dónde te metiste anoche, ladina? —dijo el vagabundo.

—Me tomé el día libre ¡Estaba nubladísimo! —contestó la sombra.

—¡Y a mí qué! Precisamente ayer necesitaba compañía. Tuve un mal día. Y tú, ¡de día libre! Tiene cojones.

—Pues tú siempre me abandonas de noche, cuando más necesito tu compañía. Sabes que me da miedo la oscuridad.

—¿Y qué quieres que haga? De noche no hay luz. Las sombras se esfuman.

—Eso es lo que crees. Tú te arropas con los cartones y a mí que me parta un rayo —dijo la sombra.

­—Vaya, hombre. Me ha salido respondona. Anda, vamos a dar una vuelta por el pueblo y recoger colillas del suelo, que me he quedado sin existencias.

—A mí me duele la espalda de tanto recoger colillas. Podrías ir los días nublados solamente ¿no?

—Ya estamos con las reivindicaciones. Ni que las sombras tuvieran sindicatos. ¡El Sindicato de las Sombras! JA JA JA JA JA JA

Mientras se partía de risa se dio cuenta de mi presencia y se alejó cabizbajo con su sombra muy lentamente. Entonces me di cuenta de que mi sombra me estaba mirando con cara extraña.

—Y a ti ¿qué te pasa ahora? ¿Por qué pones esa cara? —dije yo.

—Nada, esa es mi cara normal, cara de «asombrada» —respondió mi sombra.

—¡Ah, vale! —contesté.

 

 

 

 

 



Flora y Fauna XX

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 Fotos: BabElAin

Música: "Utungu Nyeusi" por Kouakou & Les Super Étoiles (Heterónimo de BabElAin)

Hermanos Albadalejo. Poema teatral y vanguardista.

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(Ilustración: Mavi)


Poema teatral y vanguardista

(Hnos. Albadalejo )

I

El apuntador se muere

Baja el telón


Sube el telón

El apuntador sale de su agujero con falsas alas, y unas cuerdas con poleas a su espalda lo suben y suben


El director de la obra

grita excitado entre bambalinas: 

Llamad a un Médico Forense

a las Pompas Fúnebres

al Cid Campeador...


Los primeros en llegar

fueron las Pompas Fúnebres

que ya venían infladas de más

y algunas de esas Pompas explotaron 

y expandieron un líquido viscoso y negruzco

sobre los espectadores de las primeras filas


Empezamos bien

exclaman los espectadores

y se oyen las primeras risas


II

Oscuridad

El público se acomoda

Está subido el telón

Está vacío el escenario


Entra un electricista con un mono azul

y una linterna encendida

Arregla unos cables del suelo


Un espectador de la última fila grita:

Catástrofe en las catacumbas

El resto del público pide respeto


Mirando fijamente al público

y alumbrándose la cara con la linterna

el electricista recita un haiku:

Legaña tierna

Inmensidad tímida

Membrana seria


El electricista da unos pasos de baile hacia atrás

Arregla los cables del suelo y todo se ilumina

Baja el telón

El público se marcha muy enfadado


III

Una vez en la calle cambia el ánimo

Espejismos de murciélagos en la noche

Llueve en modo anglosajón


Se oyen algunos comentarios como:


Si lo sé no vengo...  o a lo mejor sí


Un par de copas no me las quita nadie


Demasiados obstáculos de aquí al horizonte


Me estoy meando...


Deja de llover

La calle va quedando vacía

Babelain. Dos Gardenias. Con ilustraciones de Mavi.

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Copio y pego de una entrada en el blog del año 2015: 

Dos Gardenias

Esta canción tiene su historia. No la voy a contar entera, no os preocupéis; solo un pequeño resumen:

La letra y la música son del año 92 o 93, pero el estribillo, que va variando el primer verso, está basado en uno de los primeros poemas que conservo de nuestra época en Madrid, en el barrio de Malasaña -Calle Monteleón 7- años 72/73- cuando éramos unos pipiolos. Trata de describir, con unos pocos brochazos, nuestra vida en aquella época madrileña y la decisión de bajarnos de nuevo al sur.

La grabamos la primera vez en el 92 o 93, aunque con los medios que disponíamos en aquella época no quedó muy católica. Ahora la hemos vuelto a grabar, 22 años después, y no es que sea la coca bicoca, pero creo que ha quedado algo más limpia.

Mavi.- Voz

Babelain.- 2ª voz, coros, guitarras, bajo y batería.


Y ahora la volvemos a publicar aquí con ilustraciones de Mavi: 


Dos Gardenias
(Música y letra. - Babelain)

En un prado verde dos gardenias para ti
Suenan las tormentas a lo lejos
Son los viejos tiempos de buhardilla y de coñac
Luz de luna por la claraboya

Un pijama en una percha
Y tantísima gente en las calles

Sueños de colores en los parques de Madrid
Puesto de pulseras en el Rastro
Tardes de despegue noches para aterrizar
Anulando a las tristes mañanas

Un zapateado a tiempo
Y tantísima gente en las calles

En un prado verde dos gardenias para ti
Huyen dos amantes para siempre
Los poemas llenos de palabras sin pulir
Frescos e inocentes como flores

Escuchamos a los dioses
Y tantísima gente en las calles

Cines, bares, teatros, no había tiempo que perder
“Dormir es solo para tipejos” *
Luces de Bohemia, Malasaña, Monteleón
Queso de tetilla con Ribeiro

La vecina hace su guiso
Y tantísima gente en las calles

En un prado verde dos gardenias para ti
Solo queda el eco del silencio
En la encrucijada una duda “aquí o allí”
Tomamos el camino del sur

El mundo sigue su marcha
Y tantísima gente en las calles

*Frase pronunciada por Richard Widmark en una película de cine negro.

Creadores cercanos. Un trabajo conjunto de Pablo Macías, Soledad Villalba y Ami Cumpián.

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Este mes de enero cumplimos cincuenta años juntos. Es una buena ocasión para publicar el vídeo que nos dedicaron, a Mavi y a un servidor, nuestros amigos Ami Cumpián, Sole Villalba y Pablo Macías. Copio y pego lo que comenta Ami en su canal de  YouTube:

"Creadores Cercanos es el primer vídeo de una serie que pretendemos hacer. Duende es el nombre de la casa de nuestros amigos Mavi Herrero y Jose Luis Álvarez, creadores incansables. El vídeo lo grabamos en el 2018 y por fin editado en 2020. Este vídeo es una pequeña muestra del magnifico trabajo que hacen. A Babelain podeis seguirlo en http://totovaca.blogspot.com y en youtube TheBabelain y a Mavi en

https://botimba.wixsite.com/maviherrero El vídeo es un trabajo conjunto de Pablo Macías, Soledad Villalba y Ami Cumpián."

Incendio.

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 Voz: Mavi

Texto, fotos y música: BabElAin




Babelain. A veces. Ilustrado por Mavi.

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"A veces". Canción  del segundo CD de Babelain (Saliendo del laberinto). En esta ocasión con ilustraciones de Mavi.

Letra, música, voz y todos los instrumentos: Babelain.


A VECES

(Letra y música: Babelain)

A VECES ME MIRAS

Y NO ME VES

A VECES TE MIRO

Y YA TE HAS IDO

A VECES ME BUSCO

Y NO ME ENCUENTRO

A VECES TE BUSCO

Y SIENTO VÉRTIGOOOO


A VECES A SOLAS

ME ENCUENTRO A GUSTO

SI ESTOY A TU LADO

ME PONGO AGUDO

NO QUIERO PENSAR

NI SER ASTUTO

QUISIERA DEJAR

DE SER UN MUERMOOO


SERÁ LO QUE SERÁ

PERO ES UN LÍO

NO ME COMPLIQUEN

NO ENTIENDO

COMO SE MANEJAN

TODOS LOS HILOS

QUE ME LO EXPLIQUEN


A VECES ME BUSCO

Y YA ME HE IDO

NO QUIERO BUSCARTE

Y TE ENCUENTRO EN VIGO

A VECES TE MIRO

Y VEO UNA SOMBRA

A VECES VOLAMOS

EN UNA ALFOMBRA


A VECES ME ENCUENTRO

CON UN AMIGO

ME DICE QUÉ PASA

QUE ESTOY PERDIDO

LE DIGO QUÉlío DICES

SI HE ESTADO EN VIGO

Y HE VUELTO ESTA TARDE

PA ESTAR CONTIIIGOO


SERÁ LO QUE SERÁ

PERO ES UN LÍO

NO ME COMPLIQUEN

NO ENTIENDO

COMO SE MANEJAN

TODOS LOS HILOS

QUE ME LO EXPLIQUEN







La Hormiga Dadaísta.

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 En el año 2016 se cumplieron 100 años del nacimiento de Dadá. En este blog, ese mismo año, se le rindió un humilde homenaje. Ahora lo recuperamos con su poema correspondiente y reuniendo fotos en un vídeo con banda sonora para la ocasión. 

La Hormiga Dadaísta

(Babelain 2016)

Alguien le inoculó el virus a la incauta y fría hormiga y ahora busca unos labios que le sirvan de almohada.

Con un candor inusual representa lo inaudito, se baja en las estaciones donde el tren nunca ha parado.

Se afeita por las mañanas pensando en embotellar algunas gatas en celo, para soltarlas más tarde en los altares más altos.

Ha encontrado un gran embudo, un horizonte y un pato. Lo ha mezclado todo en uno y ha salido un mosquetero.

El mosquetero es inútil pero su porte impresiona. Le guiña el ojo a una extraña y la tumba sobre el heno.

La extraña gime y perjura que su novio es más certero. El mosquetero se irrita y pilla cierto mosqueo.

La hormiguita no interviene, está ocupada en sus cosas. En un hilo, una cigüeña, o en una pasión sin sentido.

El virus de DADA no tiene cura posible. Ahora todo el hormiguero sufre con sus consecuencias.

La hormiguita dadaísta mira por la cerradura y ve un mundo sin enjundia.

Por eso inventa un cacharro donde cabe todo dentro. Agita el caleidoscopio y su sorpresa es mayúscula cuando observa el maremágnum:

Vírgenes fluorescentes con piernas de bailarina

Trombones con un sonido de tomillo y azahar

Señoras con un ombligo por donde sale un faquir

Matasuegras que intoxican con sus risas infantiles

Estrellas del firmamento con un pendiente de hueso

Escaleras para viudas que sueñan ser transparentes

La hormiguita, excitada, urde de inmediato un plan. A partir de este momento nunca mirará de frente. No chocará con la vida ni siquiera de costado.

Pasará como si nada, aunque note algunos roces y le tienten ciertos sueños. Ella no se distraerá con los cantos de sirena.

Viajará por el espacio como los peces del río. No morderá los anzuelos que le lanzan los perversos, los que para ser normales odian a los distintos.

...

El Sueño agitado de la Hormiga Dadaísta

Fotos y banda sonora: BabElAin

Hermanos Albadalejo. Teatrillo.

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   Ilustración: Mavi 

TEATRILLO

(Hermanos Albadalejo)

(Noviembre 2023)




Se alza el telón.

A la izquierda del escenario hay una pizarra grande; delante de ella, una pálida niña con trenzas que sostiene en la mano izquierda un globo rojo de helio.

Al otro lado del escenario, un hombre viejo da vueltas con las manos atrás en torno a una mecedora que se balancea sola.

Hombre que pasea.— Yo estuve allí, en peligro de muerte, jugándome la vida, intentando...

Niña del globo.— (Deja escapar el globo que sube y desaparece, toma una tiza y escribe chirriando en la pizarra.) Bota, bota, pelota.

Entra en escena, andando con dificultad debido a las botas lastradas con plomo, una mujer relativamente joven con el pelo rubio suelto y mojado aún. Va vestida de buzo. Deja la escafandra en el suelo y saluda al hombre viejo que da paseos. La niña del globo rojo mira muy detenidamente a la mujer buzo. Se intenta poner la escafandra, pero es muy pesada y desiste. Prefería su globo ingrávido.

Mujer buzo.— ¡Hombre, Matusalén! Cada vez estás más apergaminado. ¿Qué andas barruntando por estos lares?

Hombre que pasea— Vaya, pero si es mi ninfa favorita. Y tú te pareces cada vez más a Tetis, la Diosa de las Aguas. Yo, aquí, ya ves, recordando batallitas del pasado.

Mujer buzo.— Déjate de batallitas y siéntate en la mecedora; no ves que no para de balancearse.

Hombre que pasea.— Que se siente esa niña, y así se quedarán quietos los dos.

La niña del globo se sienta en la mecedora y la mecedora para; la niña hace esfuerzos para balancearse, pero la mecedora está rígida.

La niña desiste y vuelve a su pizarra, la mecedora vuelve a balancearse.

Hombre que pasea.— Ya estamos como al principio.

Mujer buzo.— Que aburrimiento. Estar fuera del agua es insoportable.

La niña escribe en la pizarra un idioma incomprensible en letra muy pequeña.

Mujer buzo.— ¿Qué escribe esa niña?

Hombre que pasea.—Es un poema de Dylan Thomas en arameo.

Niña del globo.— Nanai de la China. Es una canción que me enseñó mi abuela. (Cantando.) El hueso de la flor / La ola del antojo / El párpado cantor / El tuétano del ojo.

Hombre que pasea.— Vaya con tu abuela.

Niña del globo.— ¿Qué creíais, que solo sabía botar la pelota? ¡Menudo par de dos!

Mujer buzo.— Parece que esto se anima.

Hombre que pasea.— ¿Una cervecita, Ninfa?

Mujer buzo.— No, que me he echado un novio nuevo y no quiero perder la línea.

Hombre que pasea.— Tampoco estaría mal ganar alguna curva. Tienen su encanto.

Entra en escena un tabernero con delantal y una caja de cervezas.

Tabernero.— ¿Los señores habían pedido unas cervezas?

Mujer buzo.— Bueno, me tomaré una, maldito Matusalén.

Hombre que pasea.— Gracias. Deje la caja ahí. ¿Cuánto es?

El tabernero se acerca al hombre que da vueltas y le habla al oído.

Hombre que pasea.— ¿Cómo? ¡Qué dices! ¡Eso es un dineral!

Tabernero.— Señor, estamos en guerra. Todo está por las nubes.

Hombre que pasea.— Otra guerra; no teníamos bastante y otra guerra.

Hombre que pasea.— (Dirigiéndose a la mujer buzo.) ¿No tendrías veinte rublos?

Mujer buzo.— Ah, no, de eso nada, no te doy un duro.

Hombre que pasea.— (Metiéndose la mano en el bolsillo.) Y la niña esa no tendrá...

Le paga al tabernero.

Tabernero.— Gracias, señor, buenos días, señor. Está amaneciendo.

El tabernero sale.

La mujer buzo y el hombre que pasea le pegan unos tragos a la cerveza en silencio. La niña se les queda mirando muy seria, pasando la mirada de uno a otro.

Mujer buzo.— (Al hombre que pasea.) Veo que eres poco empático con la gente que está soportando las guerras.

Hombre que pasea.— (Eructa.) Sí, es que yo nunca empato; siempre gano... o pierdo. Depende.

Mujer buzo.— Y ahora te haces el ingenioso. Vaya con Matusalén.

Mujer buzo.— (Dirigiéndose a la niña.) Nosotros aquí, bebiendo cerveza, y tú a dos velas. ¿No quieres algo de beber?

La niña va hacia el fondo del escenario y levanta una gran caja de cartón sin fondo. Dentro de la caja había un niño acurrucado con cara de aburrido, sin hacer ningún gesto.

Hombre que pasea.— Esto sí que es una sorpresa. ¿Qué hacía este niño ahí tan quieto, sin decir palabra?

Niña del globo.— Es mi hermano, y está tan quieto porque es hiperpasivo. Y le gustan los polos de uvas pasa, por aquello de…

Mujer buzo.— Ya, ya lo pillo. ¿Y a ti de qué te gustan los polos?

Niña del globo.— Mi preferido es el polo sur.

Hombre que pasea.— Menuda guasa tiene la niña.

Mujer buzo.— Pues entonces llamamos al heladero bipolar y le pedimos uno de polo sur y otro de uvas pasa por aquello de… Y todos tan contentos.

Suenan truenos en la lejanía. La niña del globo se acerca a su hermano y lo consuela. El hombre que pasea se acerca a la mujer buzo.

Hombre que pasea.— (Confidencialmente.) ¿Qué vamos a hacer con los niños?

Mujer buzo.— ¡Ah! A mí no me metas; yo acabo de llegar. Tú sabrás qué hacen aquí esos niños.

Hombre que pasea.— Ya estaban aquí cuando llegué.

Mujer buzo.— Pues habrá que llamar a los bomberos.

Hombre que pasea.— ¿A los bomberos?

Mujer buzo.— Sí, es que mi nuevo novio es bombero. A ver si viene él en el camión, y de paso me remoja un poco con su manguera, que necesito… agua… Hace ya tiempo que no…

Hombre que pasea.— Ya, pero los bomberos no pintan nada en este caso. Además, ¿a ti no te gustaban más las mujeres?

Mujer buzo.— Ya… A nadie le amarga un dulce… Si encontrara una mujer bombera… Pero…

Niña del globo.— Los adultos les dais muchas vueltas a las cosas. Yo prefiero darle vueltas al trompo o al hula hoop. Además, con nosotros no tenéis que hacer nada. Sabemos apañarnos solos. Somos como las mariposas, que parecen torpes cuando vuelan, pero aterrizan en la flor que ellas eligen.

Mujer buzo.— Vaya, además de tener guasa, la niña nos salió un pelín repipi.

Suena la sirena de un coche de bomberos, pero pasa de largo con ese característico efecto Doppler.

Mujer buzo.— Vaya por dios. Otra vez será.

Hombre que pasea.— Pues ya ves, lo que decía, estamos como al principio, pero con otro niño, que además llora. (Dirigiéndose a la niña.) Niña, trae a tu hermano y siéntalo en la mecedora.

La niña coge a su hermano y lo sienta en la mecedora. La mecedora se para. El niño sigue llorando. El hombre que pasea se da la vuelta y coge otra cerveza.

Hombre que pasea.— (Dirigiéndose a la mujer buzo,) ¿Quieres otra cerveza?

Mujer buzo.— Claro, esto es insoportable. Ese niño no para de llorar.

Hombre que pasea.— (A la mujer buzo.) Levanta al niño de la mecedora, que no le gusta.

Mujer buzo.— Ah, no, yo no toco a los niños; soy alérgica a ellos.

El hombre que pasea coge al niño de la mecedora y lo pone en el suelo. El niño deja de llorar. La mecedora vuelve a balancearse. La niña del globo coge a su hermano y lo lleva junto a la pizarra.

Mujer buzo.— Estamos aquí perdiendo el tiempo, pudiendo estar haciendo algo de provecho.

Hombre que pasea.— (Sentado en el suelo.) Creo que no estás al tanto de lo que se cuece. Parece ser que ya no podemos perder el tiempo, ni aprovecharlo tampoco. El tiempo, no hace mucho, se perdió él solito en el espacio. Nadie lo puede perder ya. Así que espabila, niña.

Mujer buzo.— Demasiadas cervezas, Matusalén. No me salgas con monsergas. ¿Te aburres mucho últimamente?

Niña del globo.— (Recita pomposamente un poema mientras lo escribe en la pizarra.) Viento rojo en el quicio de tu equinoccio / con su equino esperando en la esquina del sueño / Viento adulterado que humilla la semilla de tu sonrisa / y de nada sirve el pararrayos de tu inocencia.

El niño aplaude y grita a rabiar durante unos segundos y se para en seco.

Mujer buzo.— Vaya con la niña. Otra vez se sale por la tangente. ¿Me quieres decir qué significan esos versos?

Niña del globo.— A mí que me registren. Pregúntaselo a mis musas. Ellas sabrán. Aunque mis musas son transparentes; no sé si las encontrarás.

El hombre que pasea se levanta del suelo. Se sienta en la mecedora que deja de balancearse.

Hombre que pasea.— No veo mucha coherencia aquí. Tampoco tendría que haberla. Porque estamos viviendo. Y vivir…

Baja el telón con parsimonia.

FIN


Babelain. Recuerdos.

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Del primer CD de Babelain. Es una de esas canciones que tenía por ahí, compuesta desde hace muchos años y que por fin logramos grabar ya en la época digital. En esta ocasión la acompañamos de un vídeo con ilustraciones de Mavi.

Voz e ilustraciones: Mavi

Letra, música y todos los instrumentos por: : Babelain


Recuerdos

(Letra y música.- Babelain)


Rellenábamos colchones con las teclas de los pianos

y arrojábamos cencerros a las viudas en verano

en la fiesta que dio el sacristán

cuando vio que su hijo era normal

que ya no incordiaba

que no echaba baba

pronto lo podría desatar


Con un kilo de chorizo imitábamos a Buda

hartos de comer “jalufo” en la playa y sin bermudas

en la fiesta que dio el sacristán

cuando vio que su hijo era normal

que ya no incordiaba

que no echaba baba

pronto lo podría desatar


Con los pies llenos de espasmos y la risa incontrolada

Ese humo en la garganta esas lunas plateadas

en la fiesta que dio el sacristán

cuando vio que su hijo era normal

que ya no incordiaba

que no echaba baba

pronto lo podría desatar.