La espiral
Entré
en el sueño como el que abandona la arena de la playa y se introduce en el mar.
En un instante pasé de estar tumbado en la cama a punto de dormirme, a
encontrarme en una pequeña barquita remando en un apacible estanque. Yo era el
único humano en ese sueño. Estaba rodeado de patos que me sobrevolaban o se
deslizaban por las tranquilas aguas del estanque. De vez en cuando me cruzaba
con ranas que se desplazaban en nenúfares. La banda sonora consistía en el fino
chasquido de los remos al entrar y salir del agua, los cuá cuá cuá cuá de los
patos y el croar de las ranas que iba “in crescendo”.
No
pensaba en nada, solo remaba y “escuchaba”. El cielo estaba completamente
despejado. De pronto todo se oscurece y acto seguido aquello se convierte en
una pesadilla. La barca se encabrita mecida violentamente por unas olas que han
surgido de la nada. Estoy a punto de naufragar. Los patos están histéricos y
sus ´”cuacs” se vuelven más agudos y violentos. Las ranas parece que se han
sumergido en el fondo, no quieren saber nada del cataclismo. Después de un
tiempo se hace la luz y es cuando comprendo lo que ha pasado. Parece que está
nevando aunque sea pleno verano. Veo que una mano inmensa se aleja en el cielo,
hacia arriba, como una nube que asciende. Estoy en una de esas bolas de cristal
que alguien de un tamaño descomunal ha agitado caprichosamente con su mano y la
ha depositado de nuevo para que aparezca el efecto de la nieve en su interior.
Todo
ha pasado muy rápido y tras un corto periodo de calma, ese alguien también ha debido quitar el tapón
de la bola-estanque, porque un remolino de agua me arrastra junto con mi barca, los patos y las ranas. Las
vueltas se hacen cada vez más violentas, y la espiral más cerrada…














