Safari en el Rastrillo

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Safari Alpujarreño

















Safari por los mares del sur (de la península)












La Web de Mavi

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LA WEB DE MAVI


Muchos de vosotros solo conocéis  algunas de las ilustraciones con las que Mavi ha colaborado en este blog en relatos y portadas para discos de Babelain, pero por fin está disponible la nueva web de Mavi donde podéis contemplar la mayoría de los trabajos que ha realizado durante toda su vida: Muñecos/Esculturas, Ilustraciones, Cómics, Dibujos etc...

Si os atrevéis a visitarla, seguro que no os dejará indiferente.


Os pongo algunos ejemplos de lo que os podéis encontrar allí.


Muñecas/Esculturas:








ILUSTRACIONES/DIBUJOS









LA WEB:

botimba.wix.com/mavimundi


Bab-El-Ain Single. La Risa. Un defecto hermosísimo.

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Os presento el último single que sale de la factoría “Duende Records”, con dos “coplillas” de cosecha propia:


CARA A: La Risa:
Dedicada a la risa de Mavi (con la ayuda de Bruno hemos grabado su risa sin que se de cuenta)
Grabado en 10 pistas: Batería, Bajo, guita ritmo, guita arpegio, Guita solo, risa de Mavi, Voz principal, Voz Mavi, 2ª voz, Órgano.




LA RISA
(Letra y música.- Babelain)

Te ríes de las muecas
que algunos niños inventan

Te ríes de las olas
del viento y de las tormentas

Te ríes sin sentido
pero con gran convicción
Te ríes de tu sombra
con pasión

Te ríes de mis bromas tontas
te ríes con mucha fe

Te ríes hasta durmiendo
sin saber porqué

Te ríes sin sentido
pero con gran convicción
Te ríes de tu sombra
con pasión

Y tú ¿de qué te ríes?
dímelo por favor

De los puntos sobre las íes
que a ti te dan pavor

Te ríes en un columpio blanco
a la sombra de un pino

Te ríes de los equilibristas
con una copa de vino

Te ríes sin sentido
pero con gran convicción
Te ríes de tu sombra
con pasión

Te ríes de las filarmónicas
y los poemas en prosa

Y sin embargo lloras
por cualquier cosa
por cualquier cosa
por cualquier cosa


CARA B: Un defecto hermosísimo:

La letra es la adaptación de un poema reciente.

He utilizado 10 pistas: Batería. Bajo. Guitarra ritmo. Guitarra arpegio. Percusión. Voz principal. 2ª voz. Guita solo. Acordeón. Y Salmoé

El Salmoé es un instrumento de viento precursor del clarinete. Suena en la introducción y al final, antes del estribillo.


Un defecto hermosísimo





Un defecto hermosísimo
(Letra y música.- Babelain)

Todos esos fríos conceptos
no me sirven para nada.

Ni las amables tertulias,
rellenas de tanta cháchara.

Los atajos, si me sirven
los utilizo a menudo

Será por cuestión de tiempo
no se si justificable.

¡Parece todo tan breve!
Al menos lo que es jugoso.

Sacar todo el jugo al tiempo
¿no se trataba de eso?

--
Atajos en el amor
Atajos en la poesía
Atajos en el dolor
Que se nos acaba el día/ Que se nos acaba el día

Aunque a veces son un fraude
otra veces, un fracaso.

Que se dejen de sorpresas
no está el horno para bollos.

También está la sonrisa
imprevista y que desarma.

O un rostro casi perfecto
con un defecto hermosísimo.

Qué me dices de esos ojos
en la noche del desierto.

O esa palabra perdida
que se clava en la diana.

Link Single con portada:

Mujer pone un huevo

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MUJER PONE UN HUEVO

Resumen de la insólita noticia aparecida el mes pasado en el Chippewa Herald de Wisconsin:

La culminación del experimento llamado “Operación Huevo” llevado a cabo por ilustres científicos de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Wisconsin, con sede en Madison, tuvo lugar ayer en el Children Hospital of Wisconsin. Los científicos asistentes en el parto de la Srª Smith, primera mamífera/ovípara, pudieron comprobar con sus propios ojos que el mencionado experimento se les había ido de las manos. Todo parecía ir a las mil maravillas, pero las cosas empezaron a torcerse cuando el huevo se resistía a salir debido a su gran tamaño y poca flexibilidad. Al final tuvieron que practicar la cesárea a la Srª Smith. Una vez fuera, esperaron a que el huevo se enfriara porque habían previsto que a temperatura ambiente, la cáscara se resquebrajaría. Y así fue, en el momento esperado, el huevo se resquebrajó y el bebé/pollo apareció desnudo, como es natural. No fue tan natural que el bebé se pusiera de pié inmediatamente, y como si le importara “un huevo” todo, estiró sus brazos, bostezó, se rascó los sobacos y, sin prestar atención a los presentes, se volvió a sentar entre los restos de cáscaras, mirando al suelo. Los científicos estaban algo perplejos, pero lo que les dejó atónitos fue que el bebé/pollo demostró sus dotes de comunicación por telepatía con todos los presentes y les “regaló los oídos” con un antiguo refrán español:

“Muchos ajos en un mortero
no los maja un majadero”

Un desconcierto total y absoluto reinaba en la sala de partos. Pero ahí no quedó la cosa según parece. Después de bostezar un par de veces más, el bebé volvió a comunicarse con los presentes por la misma vía telepática, recitando un haiku de Basho, el famoso poeta Zen:

“Año tras año
en la jeta del mono
la misma máscara”

Después de tamaña demostración del bebé/pollo, todos los científicos estaban de acuerdo en que el experimento se les había ido completamente de las manos. Dejaron al bebé en los brazos de su madre y se retiraron a su laboratorio a deliberar y repasar una por una las fórmulas empleadas en la “Operación Huevo”.

Cuando tengamos más noticias sobre el asunto en cuestión, estaremos encantados de ofrecérselas. Buenas noches desde Wisconsin.

V.A. UK canta a Dylan

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UK Canta a Dylan

Por primera vez en Toto-Vaca publicamos música que no es de cosecha propia, pero la ocasión lo merece. Al final del post aparecen los “créditos” de esta colaboración bloguera a cinco bandas.

Mi primer E.P. de Dylan (Positively 4th street, Form a Buick 6...) lo compré en el 67 o 68, recién llegado a Madrid, creyendo que aquello era la capital del mundo, pero resultó que, en cuestión de música, dejaba mucho que desear. Al preguntar en una tienda especializada en discos por Bob Dylan, en la “capital”, me dijeron ¿ese quien es? Sin embargo, buscando en las estanterías encontré algunos E.Ps. (solo compré uno porque no tenía más pasta disponible) Luego, con el tiempo me fui haciendo con todos sus L.P. y más tarde, con sus CD



Retrocediendo en la historia, en el norte de África, en la primera mitad de los 60 teníamos dos fuentes musicales muy interesantes, una era Radio Tánger y otra Radio Gibraltar. Estábamos a la última en novedades musicales. Lo discos de Dylan, que yo sepa, empezaron a publicarse bastante tarde por aquí y sin mucha publicidad. Sin embargo, aparecieron en el año 1965, creo recordar, en los escaparates de las almacenes de electrodomésticos (que es donde se vendían los discos por aquellos tiempos en Ceuta) unos discos muy apetitosos con versiones de Bob Dylan, como los de Manfred Mann y Liverpool Five (que son las versiones que aporto a esta reco que se ha inventado con su gracia habitual el amigo Jose Tommenton) Ahí descubrimos al Dylan que más adelante nos asombró a todos con sus maravillosas canciones, versioneadas después por todo tipo de músicos.


Ha sido un placer colaborar en esta recopilación a cinco bandas por iniciativa del amigo




The Liverpool Five-If you gotta go, go now

The Mighty Quinn. Manfred Mann


https://mega.co.nz/#!OshFzLoA!U7kGWwZDZJLkdZwVeriarVvis3CmBNiQUk8KjSwWHSE

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No estamos seguros V Colofón

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No estamos seguros
(V)

(Colofón)

No se que os habrá contado ese, el de la Vespa. Pero yo no me creería todo lo que dice. No es porque yo diga que mienta, sería su palabra contra la mía. No es eso, no. Solo digo que vayáis con cuidado, que últimamente no parecía muy en sus cabales. ¡Y quién lo está en estos tiempos que corren!

Por fin terminé por “definirme” después del “desgajamiento”. Un término acertado, he de reconocer. Ahora me siento más “entero”. ¡Qué paradoja! Actualmente me dedico a ordenar todos mis recuerdos, es decir, mi vida. Reviso fotos, cartas, documentos, películas etc... y pongo en orden cronológico todas las etapas vividas; antes, cuando casi era “uno”; después, en el “triunvirato” y por fin, en el “desgajamiento”, que me llevó a este estado actual tan pleno; no seré yo quién lo niegue.

¿Que para qué? Pues para escribir mis memorias antes de que se dispersen y se difuminen del todo. Hay que rescatar esos momentos y darles forma de, digamos, documental. Pero un documental biográfico lo más parecido a la realidad. El problema está en esos “espacios en blanco”, esos puntos suspensivos... esos momentos vividos intensamente y que nadie recuerda después de un tiempo, esas palabras oídas de pasada y que fueron un bálsamo milagroso, esos paisajes que embelesaron pero aparentemente no quedaron reflejados en fotos, esos instantes absolutamente plenos y que no están documentados: ¡ahí es donde se encuentra el verdadero meollo de la vida! ¿Cómo rescatarlos? Los directores de documentales biográficos, o se los inventan o se los pasan por el forro. Y así quedan esas biografías, planas, sin jugo vital, falsas. Estoy dando tiempo al tiempo, por ver si se posa todo y rescato lo imprescindible. Lo que “da sentido al todo” (si es que lo tiene, claro). Es importante para mí. ¡Qué queréis que os diga!

Ah, y hablando del tercero en discordia, tengo entendido que vive en una urbanización de lujo, en la costa, retirado, tomando el sol y practicando Tai Chi, junto a jubilados daneses, pederastas buscados por la interpol, turistas ocasionales de temporada y mafiosos rusos intocables de alta alcurnia. Él sabrá. Digo yo que lo sabrá, vamos. Por que si no lo sabe él...

Tendréis noticias mías cuando se publiquen mis memorias. Puede que alguno de vosotros salga en ellas, para bien o para mal. Así que a vivir, que son dos días.


No estamos seguros IV (El Río. El Tren)

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No estamos seguros
IV
(El Río. El Tren)

Ocurrió lo inevitable. Ya no “somos”. Soy. Soy “solo” yo. Uno de los que antes éramos tres, si no recuerdo mal. Aunque a veces no se cuál de ellos. ¡Demasiado tiempo fusionados como para tener claro ahora eso de la “identidad”, o de la individualidad!

Voy en barco. Una pequeña travesía. Tengo un “encargo” al otro lado del río. Estoy blancuzco. Necesito un poco de color. Y también de calor. No es que me sienta desamparado o algo por el estilo. ¡Qué iluso el que pueda pensar algo parecido! En realidad, la palabra que lo expresaría mejor es... desgajado. Me siento desgajado. Soy un gajo solitario. Qué raro suena eso. Pero en fin, así son la cosas. Bueno, no es tan trágico. La vida sigue y estoy cruzando el río.

¿Mi nuevo aspecto? Pues... pelo revuelto, relativamente corto o relativamente largo, según para qué época. Gafas de sol. Jersey fino de cuello alto color burdeos. Pantalones a rallas blancas y negras, tipo Brian Jones, y botines de cuero con algo de tacón y puntas finas. Dispongo de una herramienta especial para cumplir mi cometido: una auténtica Vespa de 1964 con todo tipo de espejos y accesorios.

¿Qué cometido? Demasiadas preguntas en tan poco tiempo. Veamos, debo provocar pequeños accidentes de tráfico, nada serio, solo alterar el rumbo y ritmo de ciertas personas. Lo suficiente para enderezar el destino. Un destino que se había torcido en algún momento de sus vidas.

El problema era que, después de provocar ese pequeño accidente, y empezaran a cumplirse de pronto sus deseos y sentirse un poco más felices, se abandonaban un poco, se “reblandecían”, su voluntad perdía fuelle y corrían el riesgo de convertirse en personas confiadas. Craso error. La sartén hay que cogerla por el mango. No hay descanso. ¿Qué pensaban, que ya eran libres? ¿Qué ya eran felices para siempre? ¡Ingenuos! ¡Melífluos! ¡Inconscientes! ¡Si ellos supieran!

De todas formas, la pasión, el deseo y todas esas cosas, vuelven a presentarse cuando menos se lo esperan y… vuelta a empezar. Se desvían de nuevo, y ya se tienen que apañar por si solos. Para entonces, mi Vespa y yo estaremos lejos, en otro lugar, con otros ingenuos que han perdido el norte por un momento.

Llevo ya un tiempo en estos menesteres y empiezo a notar que me voy desvaneciendo. ¿Cómo explicarlo? Mi cuerpo, mi vestimenta, mis pensamientos, mis costumbres, mis... se van confundiendo con el paisaje. Cada vez soy menos”visible”, más etéreo, menos “consciente”, menos “sustancia”...

Un tren recorre la línea del horizonte de este a oeste. Yo voy desapareciendo en mi Vespa, paralelo al tren, pero en sentido contrario. Apenas siento el viento en mi cara. El paisaje que voy dejando atrás se va borrando según avanzo. Apenas distingo lo que tengo a unos metros delante de mis ojos...

No estamos seguros III (El Triángulo)

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No estamos seguros
III
(El triángulo)

Estamos los tres sentados en distintos bancos del parque. Formamos un triángulo equidistante casi perfecto. Atardece lánguidamente, con pereza. Nos comunicamos telepáticamente, ¡cómo iba a ser si no! Esta vez, nuestro aspecto es bastante normal, si exceptuamos que los tres llevamos zapatos de charol negro, muy brillantes, y sombreros de fieltro de color crema.

La intención es influir con nuestras ondas cerebrales en todo aquél que entre en el radio de acción del triángulo. Ya se sabe que somos tres, pero lo que no se sabe es que prácticamente hemos fusionado nuestras “entidades” y funcionamos como si fuéramos uno. Aunque... últimamente... si nos ponemos a indagar y rascar un poco, alguno de nosotros tiende a dispersarse. No sabemos exactamente cual de los tres, es imposible saberlo hasta que no ocurra el desgaje completo. Mientras, será como si a unos trillizos con una sola cabeza, le doliera la cabeza. ¿A cuál de los tres?

A lo que vamos, mientras divagamos, han “caído” bajo nuestra influencia, un perro negro, encanijado, tres mujeres solitarias y un viejecito renqueante. Pretendemos influir transmitiendo energía positiva, “alegría de ser quien es cada uno”. Sin pasarse, claro, sin euforia. Un ligero cambio, un empujoncito que ayude a subir la cuesta. Puede ser suficiente eso. No vamos a hacer nosotros todo el trabajo. Estaría bueno.

Notamos que no tenemos la misma “fuerza” que antes. La conexión entre los tres hace aguas por alguna esquina. ¿Cuál? El perro negro, nada más entrar en el triángulo imaginario se ha puesto a mover el rabo como una hélice. Luego se ha acercado a uno de nosotros como pidiendo alguna caricia. Ese “uno” no ha mostrado ningún signo de simpatía por el perro. Al final, el perro, después de orinar en unos arbustos, se ha largado con viento fresco, tan campante.

De las tres mujeres solitarias que han ido pasando frente a nosotros, solo una ha dado signos de optimismo. La verdad es que no venía muy cabizbaja, ni demasiado tristona. Creo que el armonioso canto de los pájaros en los árboles ha sido más determinante que nuestras ondas cerebrales bien intencionadas. Las otras dos, han salido como entraron, hieráticas, inmutables, serias hasta la náusea. ¿Estamos perdiendo facultades?

El viejecito renqueante se ha parado un rato en medio del triángulo. Se ha quedado pensativo, como perdido, sin saber hacia donde dirigirse. Una pelota perdida que venía rodando por el suelo y dos chavalillos corriendo detrás de ella, le han sacado de su ensimismamiento. Eso, si, ha sonreído a los chavales y ha seguido su camino como si nada.

Hemos “levantado el campo” y nos hemos ido a tomar un refrigerio en una terraza de la Gran Avenida. Mucha gente para arriba y para abajo. Demasiada gente para cualquier cosa. Aunque es divertido verles tan ajenos a lo que tramamos. Son tan inocentes los pobres; creen que saben lo que hacen. Bueno, no todos, a algunos se les ve turbados. Esos son los que más se acercan a la realidad del asunto. ¿De qué asunto? Nosotros no se lo vamos a aclarar. Solo faltaría eso. En fin, tenemos que investigar por donde flojea el triunvirato. No podemos permitirnos el lujo de fracasar en nuestra misión. Todo el mundo necesita un empujoncito ¡qué caramba!

Dejamos la terraza y empezamos a caminar en fila india; la noche ha caído de lleno sobre la ciudad. Nos ha pillado un poco por sorpresa y aún queda un largo trecho para llegar a casa; esperemos que no empiece a llover ahora. Solo faltaría eso.  

No estamos seguros II (El semáforo)

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No Estamos seguros (Bueno, ya si)

(II)
El semáforo

Definitivamente, somos tres. Aunque esta vez hemos adoptado un aspecto un tanto peculiar. Somos de cristal transparente, ligeramente flexible, para permitir el movimiento, pero de cristal al fin y al cabo.

Vamos desnudos. Solo calzamos una sandalias de cuero para amortizar los pasos y que no se nos quiebren los pies. Además, para rematar, nuestros cabellos son de hierba de un color verde oscuro. Es raro, si, pero tiene que ser así. Inevitablemente.

Caminamos en fila india por la ciudad. No hay mucha gente, es temprano. De vez en cuando “hablamos” entre nosotros. El sonido de nuestras voces es algo así como el del viento saliendo rebotado por las paredes de un laberinto de cristales y espejos. Una vez en el exterior, se apacigua un poco y se expande en extrañas ondas que solo entendemos nosotros. Es lo que hay, lo siento.

En una acera muy amplia vemos a un hombre sentado en un cómodo sillón de orejas. Lee un libro de Samuel Beckett (¿Final de partida?... ¿Malone muere?...) No podemos distinguir el título. Tampoco importa mucho. Tiene a una mujer sentada en sus rodillas, con la cabeza apoyada en su hombro y le rodea el cuello con sus brazos. Parece dormida. El hombre, al vernos pasar desfilando delante de él, le da unas cariñosas palmaditas en el muslo para que despierte y contemple la extraña escena. La mujer hace un gesto con la boca como para decir “ohhhhh”, pero se queda con la boca abierta, en silencio.

Siguiendo nuestro camino nos topamos con un semáforo en rojo para los peatones. Hacemos como que somos peatones y nos colocamos hombro con hombro, esperando la luz verde. Dejamos la fila india para luego. Pasa un autobús cargado de gente que va al trabajo (o vuelve). Los que no van dormidos, se pegan a los cristales y abren desmesuradamente su bocas en señal de asombro. Nosotros tenemos algunas peculiaridades. Entre ellas, está la de poder distinguir de un simple vistazo los “méritos” y “bondades” de las personas. Las taras, vicios y defectos varios, no podemos apreciarlos así a la primera. Necesitamos más tiempo. Diez minutos, once, quizá. Pero por descarte o intuición, nos hacemos una idea global. Y en ese autobús, la balanza se decantaba por méritos, bondades y buenas intenciones, más que por vicios, desviaciones y defectos. No es lo normal. Pero no estamos aquí para valorar estos asuntos. ¡Lo que nos faltaba!

Cruzamos por fin a la otra acera. Allí hace fresco y empieza a oscurecer. Alguien está manejando unas poleas gigantescas para cambiar el “escenario”. Nosotros tendemos a desaparecer. Casi no estamos ya, pero alcanzamos a vislumbrar algo del nuevo escenario:

Nieva copiosamente. Manto de nieve, vamos. Apenas se distingue el nuevo paisaje. Un relinche largo y tristísimo de un burro solitario atraviesa el manto de nieve y luego todo queda en silencio...


No estamos seguros I (La estrella)

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No estamos seguros.
(I)
La estrella

No estamos seguros de nada. En principio, estamos sentados en este sofá, pero, ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿y quiénes son estos prendas que nos rodean?

¿Y “nosotros”? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Qué pinta tenemos? ¿Qué pretendemos? ¿Por qué en plural? Creo que somos tres... o más, incluso. Pero es solo una suposición sin fundamento.

El sofá no es que sea muy cómodo, pero al menos estamos sentados; hundidos entre sus muelles, pero sentados. Aprovechemos la oportunidad. Algo es algo. Hay demasiado ruido en este habitáculo inhóspito. ¿Inhóspito? ¿Por qué?. Bueno, no es que parezca un lugar “decadente”, eso sería ya algo, aquí nunca ha habido armonía, todo parece desvaído, triste, frío, descolorido, sin contornos definidos y ni rastro de las mínimas comodidades y...¿qué pasa con estos que nos rodean? ¿Qué pretenden? ¿Por qué están aquí, rodeándonos por todas partes, tan... no sé...tan insoportablemente presentes?

La luz es tenue, menos mal. Pero huele a tierra mojada después de un incendio recién sofocado. Es desagradable. Nosotros estamos en silencio. Observándolo todo, a ver si hay algún resquicio por donde evadirnos del tinglado. “Nosotros” hemos llegado a formar un buen equipo, y eso casi sin hablar, sin consignas, con cuatro miraditas y un par de guiños. Somos fantásticos. Bueno, no tanto. Pero comparándonos con “ellos”...

Me estoy cansando de tanto pensar. Hay que dejar de pensar. Habrá que preocuparse por buscar algo de comida. Parece que dejan de observarnos. Son como zombis. En cualquier momento puede ocurrir cualquier cosa... no sé... presiento algo bastante desagradable para nosotros.

¿Y si intentamos levantarnos, caminar despacio y largarnos de aquí? ¿Hacer como que eso es posible? Puede que exista esa posibilidad y nosotros estemos aquí haciendo el gilipollas. Solo faltaría eso. Aunque me da a mi que no. No sé si los demás (el resto de “nosotros”) pensará lo mismo que yo. Creo que han dejado de pensar desde hace un buen rato. Es mejor así. Ya pasará algo, o aparecerá alguna señal que nos indique cual es el siguiente paso. ¿Hay siguiente paso?

Empieza a hacer calor. ¡Mirad, por la ventana se ve una estrella! Es demasiado luminosa ¿estará ya muerta?