La Espiral

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La espiral

                Entré en el sueño como el que abandona la arena de la playa y se introduce en el mar. En un instante pasé de estar tumbado en la cama a punto de dormirme, a encontrarme en una pequeña barquita remando en un apacible estanque. Yo era el único humano en ese sueño. Estaba rodeado de patos que me sobrevolaban o se deslizaban por las tranquilas aguas del estanque. De vez en cuando me cruzaba con ranas que se desplazaban en nenúfares. La banda sonora consistía en el fino chasquido de los remos al entrar y salir del agua, los cuá cuá cuá cuá de los patos y el croar de las ranas que iba “in crescendo”.

                No pensaba en nada, solo remaba y “escuchaba”. El cielo estaba completamente despejado. De pronto todo se oscurece y acto seguido aquello se convierte en una pesadilla. La barca se encabrita mecida violentamente por unas olas que han surgido de la nada. Estoy a punto de naufragar. Los patos están histéricos y sus ´”cuacs” se vuelven más agudos y violentos. Las ranas parece que se han sumergido en el fondo, no quieren saber nada del cataclismo. Después de un tiempo se hace la luz y es cuando comprendo lo que ha pasado. Parece que está nevando aunque sea pleno verano. Veo que una mano inmensa se aleja en el cielo, hacia arriba, como una nube que asciende. Estoy en una de esas bolas de cristal que alguien de un tamaño descomunal ha agitado caprichosamente con su mano y la ha depositado de nuevo para que aparezca el efecto de la nieve en su interior.

                Todo ha pasado muy rápido y tras un corto periodo de calma,  ese alguien también ha debido quitar el tapón de la bola-estanque, porque un remolino de agua me arrastra  junto con mi barca, los patos y las ranas. Las vueltas se hacen cada vez más violentas, y la espiral más cerrada…

¿Qué hago yo aquí?

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¿Qué hago yo aquí?

                Mi novia y yo estamos en ese punto en el que, o nos vamos a vivir juntos o se va todo al carajo. Tengo una semanita de vacaciones, ha empezado el verano, pero ella no ha podido conseguir que le dieran vacaciones ya que en su empresa, en estos meses de verano es cuando más trabajo tienen.

                El primer día de descanso bajo a la playa y me tumbo en la arena. He traído un libro (“Escribir lo que imagino”, de Max Aub) pero no me apetece abrirlo. Hace calor y la playa está bastante concurrida. Cuando me canso de estar tumbado, me siento mirando al mar, pero no estoy “viendo” el mar, solo miro hacia donde está el mar. Me viene una sensación placentera desconocida y me pregunto en voz alta: ¿qué hago yo aquí? Una señora que se encuentra cerca y se está embadurnando de crema bronceadora, me mira con cara de gaviota intrigada.
               
                Me levanto como hipnotizado y cruzo a la otra acera del paseo marítimo. Allí veo un bar que no conocía y que parece un sitio agradable para tomar una cerveza helada. Una vez sentado en la terraza, pido una  cerveza que el camarero me sirve con un plato de aceitunas negras aliñadas con pimentón y aceite de oliva (me viene un flash de recuerdo de un maravillosos viaje a Marraquech). Observo que encima de la puerta hay un cartel muy vistoso con el nombre del bar: “¿Qué hago yo aquí?” Qué casualidad, pienso. Después de la tercera cerveza, en un estado de euforia contenida, voy a recoger del trabajo a Olvido, mi novia. Comemos en un restaurante económico y mientras esperamos que nos traigan el primer plato, le comento lo que me ocurrió en la playa y el descubrimiento de un bar muy agradable que no conocíamos. Ella me cuenta los típicos roces con los compañeros de oficina, aunque nunca llega la sangre al río. Durante la época de calor, la gente está más alterada y el trabajo exige mucha dedicación. Después de comer, nos despedimos y quedamos en que mañana por la tarde, al salir de la oficina,  la llevaré al bar recién descubierto para tomar una cerveza.
                A la mañana siguiente, desayunando en un bar  cercano a mi casa, leo una noticia en las páginas del periódico dedicadas a la actualidad local:

                “En la tarde de ayer, la policía local precintó el bar “Qué hago yo aquí” por utilizar prácticas ilegales de captación de clientes. Emitían ultrasonidos por los altavoces externos  que alcanzaban un radio de un kilómetro aproximadamente, con un mensaje subliminal que incluía la frase “¿Qué hago yo aquí?”, incitando a los que lo oyeran a acercarse al citado bar y sentarse en su terraza con un estado hipnótico de falso bienestar. Parece ser que este tipo de ultrasonidos solo afecta a las personas más débiles de espíritu, aunque el bar consiguió,  en el par de días que llevaba abierto, un lleno casi absoluto a cualquier hora del día.”

                Olvido no había olvidado la invitación que le había hecho el día anterior y nada más salir de la oficina me pidió que la llevara a ese bar tan agradable. Me inventé una excusa que no se si se creyó, le dije que acababa de pasar por allí y estaba abarrotado; sería mejor tomar algo en algún chiringuito del parque, bajo la sombra de los árboles y arrullados por el piar de los pájaros, que a esa hora se estarían contándose unos a otros  todo lo acontecido a lo largo de este caluroso día de verano.

BabElAin Single. Ya no creo en los espejos. Night of the long grass

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Último single para completar el próximo CD de Bab-El-Ain.

Dos temas bien distintos:

1.- Ya no creo en los espejos (Letra y música.- BabElAin)

            Los espejos están “sobrevalorados” (que diría seguramente Javier Cansado, supongo) Esta letra es una de tantas en las que se refleja el amor odio hacia los espejos.

           
YA NO CREO EN LOS ESPEJOS
(Letra y música.- Babelain)

Sueña despierto el espejo
Si piensa que voy a creerme
Que lo que ahora me devuelve
Me lo va a devolver siempre

Ya no creo en los espejos
Te imponen sus condiciones
Con sus imágenes planas
De tan solo dos dimensiones

Hay espejos irrompibles
Iluminados por la luna
No reflejan los colores
Solo traen mala fortuna

Hay espejos que confunden
La atmósfera con el vacío
Y cuando quieren darse cuenta
No sienten ni calor ni frío

Ya no creo en los espejos
Te imponen sus condiciones
Con sus imágenes planas
De tan solo dos dimensiones

Instr.

En un carnaval de espejos
Encontré a uno disfrazado
De ventana que da al mar
Con vistas a un acantilado

Ya no creo en los espejos
Te imponen sus condiciones
Con sus imágenes planas
De tan solo dos dimensiones

Hay espejos que confunden
La hermosura con la muerte
Tiran los dados al aire
Y que decida la suerte


2.- Night of the long grass (The Troggs)

            Versión del tema de The Troggs con un original y  “peculiar” riff,  para amoldarlo a la melodía. Siempre me gustó esta canción, que aunque sea (aparentemente) sencilla, recrea un ambiente especial. Cuando haces una versión te das cuenta de que las cosas no son tan fáciles como parecen.


Link Single y portada.- http://netkups.com/?d=161df5a75513b


No nos queda otra

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NO NOS QUEDA OTRA

Solo queda deslizarnos
Bajo las puertas cerradas
Como susurros de voces
En oscuras madrugadas

Deslizarnos en silencio
Sin que se entere el vigía
Ese que acecha sin tregua
Ya sea de noche o de día

El deslizarnos no excluye
Encontrarnos con sorpresa
Otros seres que  recorren
Nuestro camino a la inversa

Como reptiles viscosos
Descubriremos lugares
De esos que anuncian a veces
Determinados juglares

Algunos son puro engaño
Por eso hay que hilar muy fino
Nos pueden cambiar el rumbo
Y equivocar el destino

¿Qué de qué estamos hablando?
De lo humano y lo divino
Lo que se traen entre manos
Los profetas y adivinos

Y si aún no has acertado
El tema del que tratamos
Es que no ves el futuro
Que nos tienen preparado




Amor extraño

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Amor extraño
           
            Él necesitaba un amor incondicional, entregado, legendario, sin ningún resquicio por donde pudiera entrar la más mínima sombra de duda. Anhelaba muestras de amor a diario y en cada esquina. Un acople perfecto de dos cuerpos y  dos almas en medio de la tormenta. Solo de esa forma encontraba el éxtasis como lo encuentra el vampiro cuando succiona  sangre joven en la profundidad de la noche.
 De lo contrario, preferiría la absoluta soledad. Como el asceta en su cueva.

Ella no tenía recuerdos. La abandonaban según sucedían, antes de cobijarse en su memoria. Por lo tanto no entendía de remordimientos.   Más allá del inmediato ahora, se extendía una espesa niebla que se iba disipando segundo a segundo con las manecillas del reloj. Al no imaginar ni en sueños que pudiera existir un futuro, tampoco conocía el miedo.
 Su éxtasis era otro: en ese momento preciso y único en el que vivía, estaba absolutamente enamorada. No existía nada más. Ni un recuerdo. Ni una promesa. 

Birimbao

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Birimbao

            Me acosté en la cama, apagué la luz y extendí el brazo derecho. En una esquina del cuarto tengo un birimbao (*) en posición vertical. Pellizqué el hilo metálico del instrumento que retumbó en la oscuridad de la noche: ¡¡¡PLONGGGG!!!

            Ese sonido me abrió las puertas del siguiente sueño:

            “Recorro el bosque por un sendero serpenteante con un silencio sobrecogedor. Después de un tiempo caminando descalzo y desnudo entre árboles frondosos, el paisaje cambia de forma abrupta. Ahora los árboles tienen muchas ramas sin hojas que se agitan temblorosas hacia el cielo y al final de cada una de las  ramas,  un ojo vigilante que gira en todas direcciones.

            Camino entre esos árboles y noto una lluvia de gotas pequeñas y tibias. Son lágrimas que caen de los ojos de las ramas. Mientras más me adentro en ese bosque de árboles con ojos, más caliente se vuelven las lágrimas hasta el punto de que me queman  la piel. Corro para salir de allí pero no veo ninguna salida.  Un ave rapaz de gran tamaño sale en mi ayuda y me protege volando despacio con sus alas extendidas a unos centímetros de mi cabeza. El sendero acaba en un río. Entro en el agua para calmar el ardor y el ave se sumerge en el agua en picado a gran velocidad y desaparece.

            El río es de agua salada y está fría. Alcanzo nadando la otra orilla. El terreno en este lado es desértico, aunque en el horizonte se pueden distinguir montañas de hielo transparente en forma de pirámides. El viento sacude la arena y forma pequeñas dunas a su antojo. Me propongo llegar hasta las montañas de hielo pero por más que camino, la distancia no se acorta. Con el abrasante calor se suceden los espejismos: lagunas con palmeras llenas de jugosos dátiles; caravanas con camellos cargados de mercancías exóticas, pequeños poblados con casas de adobe medio camufladas en el paisaje anaranjado… pero siempre acaban desvaneciéndose en el calor que surge de la arena. Antes de que oscurezca encuentro una pequeña cueva entre unas rocas y me dispongo a pasar la noche allí. Empieza a hacer frío. Me acurruco”

           
            Medio dormido aún, pronuncio maquinalmente la palabra “SSPOTORNO” y,  por arte de magia, vuelvo al mundo real.



          (*) Birimbao: (Wikipedia) El birimbao (en portugués berimbau) es un instrumento de cuerda parecido al arco musical, hecho de una vara de madera flexible y un alambre, a los que se agrega una cashishi y una calabaza, que hace las veces de caja de resonancia.
El birimbao es de origen angolano. Allí lo utilizan khoisan, ovambos, humbis, nyanekas y quimbundos.
Este instrumento fue llevado por los esclavos angolanos a Brasil, donde se utiliza para acompañar una lucha acrobática llamada capoeira.






Bab El Ain Single. Ecos de Sociedad. Qué quieres saber de mi

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Single de Mayo:

1.- Ecos de Sociedad.
            Esta canción pertenece al primer disco de Babelain (no publicado en el blog) En ese primer disco hay algunas canciones que, debido a los pocos medios con que contaba en ese momento, no estaban muy bien grabadas. Esta es una de ellas, por eso he querido grabarla de nuevo, tratando de mejorar el sonido. Con un ritmo brasileño (maracas, cencerro, madera…) y letra basada en un poema que escribí hace algún tiempo.


ECOS DE SOCIEDAD
(Música y Letra.- Babelain)

Baja la Paciencia por la Calle principal
Las Damas enredando en los balcones
Miran de reojo a los Varones del lugar
Los Niños jugando a ser Mayores

El Adivino está nervioso con razón
Y el Viento soplando sin motivo
Alguien vio rondando al extraño Afilador
Soplando su flauta en un olivo

Pero la Paciencia sale huyendo con Pavor
Subiendo por la Calle del Casino
Dejando a su paso una extraña sensación
Y un acre olor


Baja el Destino por la Calle Principal
Las Damas enmudecen y se agitan
Miran de reojo a los Varones del lugar
Los Niños que jugaban ya no gritan

El Adivino está tranquilo con razón
El Viento poco a poco se ha calmado
Alguien en la Noche vio al extraño Afilador
Partiendo hacia  el Monte en un caballo

Pero el Destino va dictando su razón
Subiendo por la Calle del Casino
Dejando a su paso una extraña sensación
Y un acre olor



2.- ¿Qué quieres saber de mi?
            Letra basada también en uno de mis poemas, aunque este es más reciente. En realidad hablo conmigo mismo (me da esa impresión)


¿Qué quieres saber de mí?
Letra y música.- Babelain

Si no hay noches reversibles
Ni sombreros de dos plazas
¿Qué quieres saber de mí?

Si lanzo mi jabalina
En zigzag contra los rayos
¿Qué quieres saber de mí?

Oigo aún como chirrían
Los columpios oxidados

Busco en la noche
Las claves ocultas
Bajo los rayos de Luna

La bola da vueltas
En la vieja ruleta
¿Traerá ella la Fortuna?

¿Qué quieres saber de mí?
¿Qué quieres saber de mí?

Me tragué el cebo
Y te regalé el anzuelo
¿Qué quieres saber de mí?

Ya no cabalgo a pelo
Y ahogué el último grito
¿Qué quieres saber de mí?

Oigo aún como chirrían
Los columpios oxidados

Busco en la noche
Las claves ocultas
Bajo los rayos de Luna

La bola da vueltas
En la vieja ruleta
¿Traerá ella la Fortuna?

¿Qué quieres saber de mí?
¿Qué quieres saber de mí?

Si mañana está tan cerca
Que casi ya lo he olvidado
¿Qué quieres saber de mí?

Si con todo lo que sabes
Podrías hacer un poema
¿Quieres saber más de mí?

Oigo aún como chirrían
Los columpios oxidados


Para lanzar el single en el mercado anglosajón y “en toa la parte de Arbasete y Mursia” se va a utilizar la primera portada (la que viene al inicio del post) (Según nos cuenta el manager de Babelain)

Y esta segunda portada se utilizará para el resto del mundo.  Cuestión de Marketing. Así que ya pueden espabilar los coleccionistas.



Link Single con las dos portadas.- http://netkups.com/?d=5e811c94d6229


El Sr. Matsuki

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El Sr. Matsuki

El día de su 75 cumpleaños, después de la siesta,  el Sr. Matsuki se sentó en su sillón favorito delante de una taza de té y se le ocurrió  hacer un repaso de lo que había ocurrido en su vida estos últimos años:
Hacía diez años que se había quedado viudo. Sus tres hijos vivían en Europa y solo volvían a Japón muy de vez en cuando. Había llegado a perfeccionar su arte con los pinceles y sus exposiciones alcanzaban el éxito que cualquier artista hubiera deseado para sí. No parecía que le faltara nada para llevar una vida relativamente desahogada y se manejaba bien en su tranquila soledad.
Hasta aquel momento no se había cuestionado su forma de vida o se había parado a preguntarse si era feliz o si echaba en falta algo en su vida. Simplemente se dedicaba a seguir con su rutina diaria, metódica, aséptica, implacable. Se levantaba muy temprano y se aseaba meticulosamente, se vestía con sencillez pero con una cierta elegancia clásica, desayunaba frugalmente, daba un paseo entre los árboles del parque cercano a su casa y luego entraba en su estudio y se enfrascaba en su trabajo con los pinceles. Al medio día comía en un restaurante de un viejo amigo, volvía a casa, echaba una pequeña siesta y la tarde la dedicaba a leer los libros preferidos de su extensa biblioteca hasta la hora de acostarse. Antes tomaba unas galletas con un té y se retiraba a dormir hasta el amanecer del día siguiente.
Aquella tarde de su 75 cumpleaños, tuvo la ocurrencia de “pararse a pensar” en su vida actual. No estaba acostumbrado a pensar en él, simplemente recorría el camino que el destino le había trazado, sin plantearse ninguna desviación del mismo. Era muy sencillo todo…hasta que se paró a pensar en su existencia.
Al “bajar la guardia”,  en ese momento de reflexión, salió todo lo que había tratado de ocultar: su mujer había sido un apoyo imprescindible en todos los aspectos de su vida desde que se casaron hasta su muerte y él nunca le había expresado de ninguna forma su agradecimiento. En los diez años que llevaba viudo, había seguido ignorando la importancia de ella en su vida. Se sintió abatido al reconocerlo. En ese momento llegó a “pesarle” mortalmente esa soledad que hasta ahora había llevado con naturalidad.
Sus hijos eran un recuerdo borroso. Nunca había tenido un contacto verdaderamente “familiar” con ellos. Solo recuerda una cierta ternura de cuando eran bebés y comenzaban a gatear por la casa. Nunca se había “puesto” a jugar con ellos. Toda su energía la había dedicado casi militarmente a su arte, ignorando, aunque no completamente, el crecimiento de sus hijos.
Satisfecho con su trayectoria artística, ahora se planteaba si tendría fuerzas e imaginación para subir un peldaño más o había llegado a su cenit como artista y tendría que retirarse. En este último caso ¿qué haría a partir de ahora?
A la mañana siguiente, muy temprano, fue al lago y cargó su  barquita de pesca con todos sus bártulos para pintar, incluido un lienzo de mediano tamaño, un caballete, algunas herramientas de carpintería y se puso a remar hacia el centro del  inmenso lago en calma. Algunos pájaros pasaban a ras de agua en medio de un silencio solo roto por el sonido de los remos al entrar y salir del agua.
Había tomado una decisión, si antes de llegar la noche no encontraba un nuevo camino para avanzar un paso más en su pintura, perforaría el fondo de la barca con las herramientas que había traído para la ocasión. No sabía nadar. Se hundiría en el fondo del lago con su fracaso. En caso contrario, volvería a su vida rutinaria con nuevos bríos hasta que las fuerzas lo abandonasen.
El sol se ocultaba muy despacio mientras la luna llena, en el lado opuesto del horizonte, comenzaba su reinado teñida de un inquietante color anaranjado.
El Sr. Matsuki había terminado de pintar. Ahora se había retirado del lienzo todo lo que daba de si la barquita y observaba el resultado de su trabajo. Solo faltaba el veredicto final.

Las Vísceras

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Las vísceras

El amor se les había cristalizado después de tanto tiempo. Las vísceras (las del amor) al abrirlas, llenaron la habitación de un olor mezcla de incienso y sótano húmedo. Habían pasado  muchos años del inicio de su relación. Ya ni se acordaban como empezó todo.  Al intentar recordarlo, casi siempre lo confundían con las miles de películas o libros que habían visto o leído. Comentaban anécdotas; casi todas felices. Al final, siempre acababan riendo.



Ahora tocaba repartirse las “ganancias”. Esto es tuyo y esto mío; aunque  cayeron en la cuenta de que casi todo era de los dos. Al menos lo más importante. Así que intentaron seguir juntos un tiempo más. Unos días…unas semanas…




Al cabo de un tiempo ya no se acordaban de aquella apertura de las vísceras del amor. La cicatriz se había cerrado. Ahora les parecía inaudito aquel intento de separar sus caminos. Una noche ardiente de verano, mientras se oía a lo lejos el croar de las ranas en la acequia, se dieron cuenta de que solo el destino es quien decide y ellos serían siempre obedientes, nada de intentar rebelarse contra el amor, y menos, abrirle las vísceras. Pensaban que no hay nada más rebelde que el amor cuando actúa salvaje y libremente.



Desintoxicación

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“Desintoxicación”


Tres mil Obispas orinando en el bosque justo antes del amanecer. Los pájaros, asombrados, esperan que cese el fragor de enaguas y refajos para poder anunciar el nuevo día.

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Envuelta en un chal, con su peineta en el moño, la cabra tira al monte.

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A la candidata a Papisa se le va a pasar el arroz.

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Solo para Buzos sin escafandra
o Aristócratas nudistas

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Chocolate con churros para tres mil Obispas. ¡¡¡Marchando!!!

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Nosotros también somos exóticos (en el culo del mundo)

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Tres mil Obispas “hacen la colada” en el río.
Ni las carpas más ancianas recuerdan tamaño aquelarre.

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Tres mil elefantas con amnesia preparan su numerito de natación sincronizada en una piscina olímpica. Han olvidado que son paquidermas.

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