Telesforo y Esperanza. Cuento por entregas. 1ª Parte I

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PRIMERA PARTE
(Donde no ocurre nada fuera de lo normal, aparentemente)
I
Hacía fresco aquella madrugada, aunque fuera pleno verano. En su diminuto cuartucho alquilado, Telesforo calentó agua para un té y pensó por un momento en que ocupar aquella mañana del sábado; barajó varias opciones:

  • Pasear por calles desconocidas hasta el agotamiento físico y psíquico
  • Escribir poemas decorativos revolucionarios
  • Inventar algún artefacto que no sirviera para nada excepto para pasar la mañana
  • Esperar. Esperar lo que sea. ¿La fortuna? ¿Un tren? ¿La vejez?
  • Fumar asomado a la ventana y silbar en francés

Lo primero que hizo fue esperar. Como no ocurría nada, ni la fortuna llamaba a su puerta, ni pasaba un tren y tampoco quería esperar tanto tiempo a la vejez porque se aburría mucho, pues se puso a fumar y a silbar en francés. Luego intentó fabricar un artefacto pero no encontró herramientas ni nada de nada, ¡era tan pobre! Al poco rato escribió un poemita decorativo revolucionario que le subió la moral unos quince centímetros y no era para menos, observen (él lo llamaba ¡poema!):

Los floreros no son revolucionarios
las tuercas si
si encuentran un tornillo
¿verdad?
A las tuercas podemos darle una vuelta más
cuando nos dejan
¿verdad?
Aunque a veces tenemos que desandar lo andado
y desenroscarlas un poco
si no, nos encierran en jaulas
cuando no les da por zurrarnos

Sin embargo
un florero no es sospechoso
pasa desapercibido
si no es muy coqueto,
¿verdad?
También está la flor del payaso
esa si es revolucionaria ¡caramba!
Sobre todo cuando se aprieta la perilla
y sale el chorrito de agua
directo al ojo del alcalde
o de la autoridad competente
¿verdad?

(El “¿verdad?” hay que pronunciarlo como lo hacía la gente de antes, como una aseveración, no como una pregunta. Pero eso era antes, cuando la gente tenía cierta enjundia)


Ya por último, sin estar muy satisfecho del poema, se decide a salir a pasear por calles desconocidas, dispuesto a agotar sus reservas físicas y psíquicas. Le quedaban tres cigarrillos y dos cerillas. El cielo estaba despejado. ¿Quién dice que no puede ser un buen fin de semana?

Continuará...

¡Qué ilusión creernos dueños del destino! (2ª Parte y última)

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ESOS OJOS
(Música y letra.- Babelain)

Esos ojos con esa luz
De niño entre la niebla
En la calle que va subiendo
Hacia la primera estrella
Bajo una danza de globos
Iluminados por la luna
Esos ojos que no saben
Lo que les depara el tiempo

Pero el libro ya está escrito sin remedio
Y aunque creas que tú vas abriendo el surco
Solo sigues esa senda ya marcada
¡qué ilusión creernos dueños del destino!

Esos ojos que van buscando
De hombre entre los escombros
En la calle que desciende
Hacia el núcleo del átomo
Bajo una lluvia de vidrios rotos
Por la cólera del viento
Esos ojos que suspiran
Por olvidarse del tiempo

Pero el libro ya está escrito sin remedio
Y aunque creas que tú vas abriendo el surco
Solo sigues esa senda ya marcada
¡qué ilusión creernos dueños del destino!

( 2010-CD Babelain.- “Todos quieren ser felices”)

¡Qué ilusión creernos dueños del destino! (Primera Parte)

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Próximamente la segunda parte (con música incluida).

Ella y Él

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ELLA Y ÉL

Ella era pequeña (de niña), no peluda y suave. El interior de sus muslos era (y es) muy sedoso. Odiaba su cabellos. También odiaba otras cosas suyas. Todo a su debido tiempo. Le atraían los precipicios.

Èl era pequeño (de niño) muy poco peludo de pecho pero suave de gestos. Fue barbilampiño hasta que hizo la mili. No había estudiado muy bien su cuerpo, pero pensaba que era sandunguero de nacimiento (sin pasarse).

Ella siempre quiso ser querida por todos, sin excepción. Era uno de sus problemas, aunque no el único. También quería querer a todos, cosa bastante improbable a todas luces. ¿Que no?

Él se creía que leyendo libros de zen, todo iría sobre ruedas. Como el que se cura solo con leer el prospecto de un fármaco. No tenía mucha esperanza en el progreso. Su suegra (que en paz descanse) si.

Ella y Él, cuando se cruzaban en el pasillo de su casa un sábado por la mañana (Ella vendría de pasar revista a las flores del jardín y Él de leer una novelita de Gómez de la Serna en el cuarto “del fondo”) se reían sin saber por qué y hacían planes para derrotar la insistencia de la rutina por instalarse en su vida; y de eso, ni hablar. A vivir, que son dos días.

Ella estaba empezando a hablar sola cuando no había nadie más en casa. Intentaba mantener un equilibrio entre materia y espíritu, cosa difícil de conseguir si no es con una disciplina férrea (y ella pues bueno...). Se reía (y se ríe) mucho. A solas y acompañada. Por cualquier cosa. Su risa era y es inconfundible.

Él tiraba de utopías para no dejarse llevar por el pesimismo reinante. Un poco infantil si que era (y lo sigue siendo), pero la infancia es una época dorada (en algunos casos) y es difícil renunciar a su esencia. Es más, la pérdida de la inocencia (aunque no del todo) era lo que más lamentaba. También era escéptico. Es decir, no se creía todo lo que le contaban. Lo había comprobado con el paso de los años. Casi todo estaba manipulado para parecer una verdad como un templo; y luego resultaba que no, que ni verdades, ni templos.

Ella y Él discutían sobre cualquier cosa aunque sus posturas coincidieran en muchos casos. Unas veces les salía el tiro por la culata y otras veces salía el sol por Antequera. En algunas ocasiones se producían efectos colaterales que se suavizaban al tercer día, con un poco de suerte.

Ella casi levitaba con solo acercarse a la orilla de una playa. Y ya dentro del agua, qué te voy a contar.

El se aburría como una ostra si le obligaban a presenciar cualquier “espectáculo” de “entretenimiento”.

Ella y Él disfrutaban con lo “grotesco”.

Ella era capaz de silbar más agudo que algunos pájaros. Sobre todo para disimular un mal momento.

Él, con la edad, estaba perdiendo un poco la capacidad de oír los tonos más agudos, Por lo demás, oía con bastante precisión el ronroneo de los astros y las estrellas en el universo (?).

Ella y Él no eran como los demás. Ni los demás eran como ellos, todo hay que decirlo. No es que fueran especiales, es que eran muy suyos. Por eso, el día que se conocieron, se dijeron para sus adentros: “caramba, no es como los/las demás” y emprendieron su aventura juntos, sin pensárselo dos veces.

Ella sigue intentando comprenderlo (a Él), cosa harto complicada. Bueno, en realidad sigue intentando, incomprensiblemente, comprenderlo “todo”. Está medio obcecada en el asunto, y claro, eso frustra un pelín. Al rato se le olvida y se pone a silbar mientras arregla un parterre en el jardín.

Él se refugia en “sus” cosas, y que comprenda Rita la cantaora. Mientras está entretenido con algo, miel sobre hojuelas. Menos mal que hay muchas “cosas” en el mundo a las que meterle mano, metafóricamente hablando.

Ella y Él pasean mucho. Ella, normalmente, habla más que Él. Ella enseguida se acalora y empieza a quitarse ropa. Él es más tuareg y resiste sin hacer estriptis, a no ser que sea pleno agosto y encima Ella lo lo tenga medio acorralado en alguna discusión comprometida. Entonces puede que Él, en el mejor de los casos, se quite el pañuelo del cuello, pero no pasa de ahí.


Ella, en las reuniones de amigos, si se produce un silencio, se incomoda y enseguida propone cualquier tema, el primero que se le venga a la cabeza. Esto trae consecuencias casi siempre, porque normalmente le llueven comentarios de todos los colores para los que no estaba muy preparada. Es lo que tiene el improvisar.

El, en esas reuniones, normalmente se escaquea por algún rincón, no muy lejos. Si es posible, se arrellana en algún sofá y escucha a todos. Solo interviene si alguien le pregunta directamente su opinión o en casos de urgencia, cuando algo atenta contra su “dignidad”. Es muy digno, de una dignidad medieval, como la de un caballero de alguna tabla redonda imaginaria.


Ella, en algunas cuestiones, es dada al autoengaño, queriendo creer, sin creerlo del todo, que lo hace en su propio beneficio. Pero el eco le responde una y otra vez como el monótono canto de una tórtola: Nanai de la china… Nanai de la china… Nanai de la china.

Él, en algunas ocasiones, busca el trampolín de los sueños. Se fía más de ellos que de la cruda realidad. Claro que, a veces, cuando sueña con mundos extraordinarios, al despertar se le cae el mundo a sus pies momentáneamente. Luego hace un gesto, como sacudiéndose el polvo y se pone a estrenar el día. No se le puede negar su ingenuidad.

Ella no sabe de secretos. Es más, un secreto en sus oídos se convierte por arte de magia, en un comentario sin frontera alguna. Pero no por traicionar, no hay maldad alguna, sino porque olvidó completamente la advertencia que le hicieron: “no se lo cuentes a nadie, es un secreto”. “¿Ahhhh siiiiii?…no me acordaba” contesta ella cuando se lo reprochan.

El no suelta prenda. Mientras menos se sepa de su persona, en todas las facetas, mejor que mejor. No da facilidades. Si quieres saber algo de él, tienes que hacer un curso superior de espeleología aplicada al comportamiento humano.

Ella y Él filosofan con frecuencia. Y se pierden a menudo en cuestiones patafísicas. A veces es divertido. Otras, no.

Ella y Él disfrutan con el arte. Con el arte que les da alas. No con cualquiera. Son muy selectivos. Pero ahí no vamos a entrar. Sería un capítulo aparte. Lean sus memorias, si es que las escriben algún día.

Él era muy observador, incluso se observaba a si mismo desde una cierta distancia. Aún así, se le escapaban cosas. Por ejemplo, hasta hace muy poco no se había dado cuenta de que cada vez que se asomaba al espejo con disimulo por las mañanas para identificarse, siempre decía una misma frase, muy bajito: “Si, es posible” (pero dudando de esa posibilidad, como si dijera “si tú lo dices”).

Ella, directamente, odiaba los espejos. Los cambiaría por ventanas, o mejor, balcones al mar o a la montaña, donde poder asomarse los días de viento, o de lluvia, o de sol, al amanecer, al atardecer, o de noche, para contemplar su rostro entre las estrellas, que seguro que ese cielo azabache lo reflejaría con más gracia que un absurdo, falso y triste espejo. De eso no había duda.

Ella es muy simpática. Aunque a ella misma no se lo parece. Tristan Tzara se parecía muy simpático él mismo. Hay que decírselo de vez en cuando para subirle la autoestima: “Qué simpática eres”, aunque te puede responder si tiene un mal día: “¿me estás diciendo con eso que solo soy simpática y no guapa, delgada, inteligente etc…?” En fin, siempre es difícil acertar con estas cosas.

El está casi conforme con su “normalidad rara”. Se considera normal, pero… raro. Lo lleva con aparente dignidad. Le hubiera gustado ser menos tímido, pero eso, a lo mejor lo hubiera hecho subirse más a la parra y perdería mucho. Es mejor así. Hay defectos que ayudan y virtudes que perjudican.

Ella y Él son expertos en desenmascarar lo que sea: personas, situaciones, películas…Disfrutan descubriendo lo que hay de falso en algo. Y la verdad, es un placer reconocer lo falso. Otra cuestión es encontrar lo verdadero. Eso ya es más complicado. A veces, imposible. ¿Quién nos lo garantiza? (lo verdadero, digo).

Ella y Él…siguen danzando el baile de la vida, procurando oír la música adecuada para poder bailar al son que más les gusta.





En remojo

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En remojo

         La Sra. Botella nadaba en el mar a una prudencial distancia de la orilla. Se encontraba joven y guapa en esa mañana de sol radiante. Llevaba agarrada con ambas manos una pequeña plancha de corcho semejante a una bandeja de té. Pero, le faltaba algo. No sabía exactamente qué. Súbitamente se puso a gritar a los bañistas que retozaban en la orilla:

          -Por favor, ¿podría alguien acercarme un puñadito de arena?

         Pero todo el mundo se hacía el “longuis”. Al final, la Sra. Botella decidió acercarse ella misma a la orilla a por la arena. Ya cerca de la orilla tuvo que sortear varias barras de madera donde se habían insertado unos pollos asados, a modo de futbolín gigante. Los pollos daban vueltas sobre si mismos como tratando de golpear un balón imaginario. Esto provocaba un incómodo oleaje.

         Una vez traspasado el futbolín avícola, la Sra. Botella se dirigió a la “Oficina de ventas intachables”, que se encontraba junto a los típicos chiringuitos y se presentó como “La Sra. Botella, Alcaldesa de la Villa y Corte de Madrid”:

         - Quisiera comprar un puñado de arena
         - Sra. Botella, eso sería una venta ilegal y no puedo permitírmelo
         - Y a mi que me cuenta. Vd. me vende un puñado de arena y asunto concluido
  • Mire Vd., Sra. Botella, si se pudiera vender la arena, los potentados la comprarían a espuertas y se la llevarían a sus mansiones para fabricar playas artificiales y nos quedaríamos sin playas públicas. Si quiere, cuando salga de aquí, coja un puñadito de arena de la orilla con disimulo y aquí paz y después gloria.
    La Sra. Botella frunció el ceño y salió de allí murmurando y jurando venganza, aunque, siguiendo el consejo del empleado, cogió clandestinamente un puñadito de arena, volvió al mar sorteando el futbolín de pollos asados y cuando llegó a la zona de mar en calma, depositó el puñado de arena en su plancha de corcho formando una pequeña montañita. Esta acto tan simple le proporcionó una inmensa, extraordinaria, paz interior, desconocida por ella hasta entonces, que solo se mitigó cuando vio que se le estaba arrugando la piel, como a los garbanzos, por estar tanto tiempo en remojo.

Mi Gozo en un Pozo

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Mi Gozo en un Pozo

        Era viernes. No tan tarde como para aullar a la luna, ni tampoco como para dar la razón al fracaso. Por esa razón, o por cualquier otra que no recuerdo ahora, salí a pasear por el campo, como disimulando. Incluso silbaba muy bajito una melodía inventada (más que nada para no dar pistas a nadie de nada).
Conseguí despistarme a mi mismo, y en esas estaba, cuando me topé con un pozo. Era un pozo no muy profundo y en el fondo se movía algo. Fijé la vista, la acomodé a aquella semi oscuridad y di un grito seco y pelado por ver si aquello se movía. Pero en vez de moverse, habló.

Dijo:
  • ¿Qué pasa ahora?
  • ¿Como que qué pasa ahora? ¿Quién eres tú?
  • Soy tu Gozo. Me arrojaste al Pozo hace unos días por un “quítame allá esas pajas”
  • Pues si que estamos buenos, pero si es que eres un borde y un saborío. No me dejas disfrutar de la vida como yo quisiera. Por eso paso de ti.
  • Pero si eres tú el que no te relajas, capullo.
  • ¿Quién? ¿Yo? Menudo Gozo estás tú hecho. No sé dónde has hecho el Máster, pero vaya vaya.
  • En primer lugar, ya podrías sacarme de aquí, que esto está muy húmedo. Y en segundo lugar, ¿estarías dispuesto a dejarte llevar por mis buenas artes y salir de ese estado medio catatónico en el que tan a gusto te has instalado?
  • Pero so infeliz, si estoy mejor sin ti. Ahora no dependo de nada ni de nadie. Es cierto que estoy un poco melancólico, pero nada de catatónico como tú dices.
  • Eso dicen todos, pero los hedonistas como tú no sobreviven sin nosotros ni una semana. Y si no, tiempo al tiempo.
  • Pues tiempo al tiempo. Ahí te quedas.

            Y como ya era lo suficientemente tarde como para aullar a la luna, pero no para dar la razón al fracaso, todavía, me puse a ello. Entre aullido y aullido, iba siendo cada vez más consciente de que dejar a Mi Gozo en un Pozo, había sido una jugada maestra. Ahora me encontraba más liviano. Sin presiones ni obligaciones. Eso de gozar es para los débiles de espíritu y algunas razas de simios con ínfulas.

Auuuuuuuuuuuuuuu...

                                 Auuuuuuuuuuuu...
              

                                                            Auuuuuuuuuuuuuu

BabElAin Single.- Sentado en el porche. Qué inocencia

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        Para desearos un Feliz Año 2014, os presento un nuevo single de BabElAin. Espero que lo oigáis al menos una vez (si no es mucha tortura jejeje).
     Los dos temas del single son de cosecha propia.


       Pues eso: Feliz Año a todo el mundo.


1.- Sentado en el porche




Sentado en el porche
(Letra y música.- Babelain)

Estoy sentado en el porche/esperando a la eternidad
un indio me pregunta/por el camino de la verdad

Iba harto de hongos/casi no podía andar
le dije que descansara/que la verdad podía esperar

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

Le invité a un tequila/y no se quiso sentar
se lo bebió de un trago/ y se puso a caminar

Le dije a voz en grito/que si encuentra a la verdad
que venga y me la presente/y así podremos charlar

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

Al cabo de un tiempo/el indio volvió a pasar
mientras yo seguía esperando/a que llegara la eternidad

Le pregunté si había encontrado/lo que había ido a buscar
y me dijo que solo mentiras/ y ni rastro de la verdad

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

Nos tomamos unos tequilas/y nos pusimos a charlar
salieron las estrellas/ y se pusieron a brillar

Pasamos un buen rato/y pudimos olvidar
tanta búsqueda y espera/de verdad y de eternidad.

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

2.- Qué inocencia


Qué Inocencia
(Letra y música.- Babelain)

A veces construimos
castillos en la arena
que siempre se derrumban
y nos llenan de pena
qué inocencia
y qué tristeza

A veces nos dormimos
en nuestros laureles
perdiendo tanto tiempo
con lo poco que queda
qué inocencia
y qué torpeza

El tiempo pasa
a gran velocidad
no nos da tiempo
ni a pensar

El presente ya es pasado
y en la diana
solo nos queda
el mañana

Buscar la perfección
es como suicidarse
colgándose de un árbol
sin querer despeirnarse
qué incongruencia
y qué inocencia

Solo queda el mañana
y aún no hemos llegado
pero yo por si acaso
no pierdo la esperanza
de ver si amanece
por lontananza

El tiempo pasa
a gran velocidad
no nos da tiempo
ni a pensar

El presente ya es pasado
y en la diana
solo nos queda
el mañana



Portada para su distribución en el mercado Persa:



Link Single con portadas:


Amor sombrío

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Amor sombrío

Una mañana, muy tempranito, buscaba la maquinilla de afeitar en un armario del cuarto de baño cuando descubro a mi sombra acicalándose y poniendo caras interesantes frente al espejo.

-¿Qué haces? ¿Te has vuelto coqueta de repente?

-Ummm… ¿yo, por qué?

-¿Por qué te he pillado arreglándote frente al espejo como si tuvieras una cita?

-Nooooooo, que va.
-Mira que te conozco desde hace mucho y tú no eres nada presumida. Algo te pasa.

-Bueeeeeeno, te lo voy a contar: Empiezo por el final. Me he enamorado de la sombra de tu mujer; como lo oyes. Ella y yo nos conocemos desde que vosotros os conocéis, pero nunca había reparado en ella más de lo normal. Vosotros no sois muy cariñosos en público a la luz del día, así que la sombra de tu mujer y yo, nunca hemos estado en situaciones comprometidas como para intimar. Vuestros juegos amorosos los dejáis para la oscuridad de la noche, que es cuando nosotros, las sombras, nos disipamos, desaparecemos hasta el día siguiente. Pero, no hace mucho, se os ocurrió ir a una playita escondida entre unos acantilados en la costa granadina. No había nadie, y allí, a pleno sol, frente al mar y contra todo pronóstico, os pusisteis a hacer el amor en plan desenfrenado. Claro, a mi me pilló de sorpresa y me ví de pronto entrelazado en una postura un poco complicada con la sombra de tu mujer. Aquello me pareció sublime. No lo había probado nunca. Lástima que, de pronto, en medio del fragor de la batalla, oímos “los cuatro” algo así como si unos niños bajaran corriendo por los acantilados, aunque luego resultó ser un rebaño de cabras montesas realizando sus imposibles cabriolas sobre las rocas. Aquello nos cortó el rollo (a los cuatro) pero yo ya había caído perdidamente enamorado de su sombra

-Mira que calladito te lo tenías ¿eh? Si no te pillo mirándote al espejo, ni me lo cuantas. Bueno, yo te podría dar algunos consejos, pero prefiero que seas tú la que vayas descubriendo todas esas sensaciones nuevas. Lo que si te digo es que mi mujer no está muy contenta con su sombra, siempre me dice “pero no ves lo cabezona que es” o “mira que perfil más grotesco” y cosas por el estilo. Tú sabrás donde te metes. Ahora, eso si, cuando hagas el amor con ella, toma todas las precauciones, no quiero que la casa se nos llene de sombritas por todos los rincones. Por ahí no paso. ¡Lo que nos faltaba!

Bab-El-Ain Single. Ni Luna ni Sol-Vuelvo al Sueño- ¿Qué es esto, un huevo?

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Presentamos el nuevo single de Bab-El-Ain con tres temas. Dos canciones y un instrumental. En esta ocasión no hay versiones.


1.- Ni Luna ni Sol



NI LUNA NI SOL
(Letra y música.- Babelain)

Me he puesto el traje
de las tormentas
retumban los truenos
mil rayos van a caer
antes del amanecer

Sopla el viento
de otras estrellas
parece que la luna
empieza a desfallecer
Aúlla el lobo otra vez.

Los astrónomos y los poetas
están buscando una razón
de esta catástrofe
que nunca habían visto
y no tiene comparación
La Luna se estrelló.

Me he puesto el traje
de las hecatombes
esto se pone feo
el sol empieza a caer
No sé que vamos a hacer.

La luz se extingue
y en la oscuridad
la tierra se convierte
en un cementerio estelar
Ya cae la estrella polar.

Los astrónomos y los poetas
están buscando una razón
de esta catástrofe
que nunca habían visto
y no tiene comparación
Ya no hay Luna ni Sol


2.- Vuelvo al Sueño


VUELVO AL SUEÑO
(Letra y música.- Babelain)

De madrugada
abandono los sueños
y entro en ese mundo tan real
veremos este día
hasta donde nos llevará

Hipnotizado
por el canto del Búho
paseo por el bosque de cristal
camino con cuidado
si no todo se romperá

La gente del bosque
va flotando por el aire
y canta melodías
que antes nadie
había escuchado
en esta vida
nunca jamás
nunca jamás
nunca jamás

Junto al río
por donde fluye la sangre
paro un rato para descansar
y alguien me cuenta un cuento
sobre la vida real

En el cuento
nadie parece contento
viven una vida tan real
que lo que todos quieren
es huir de la realidad

Aun sigo hipnotizado
por el canto del Búho
llego a casa muy cansado
y ya en la cama
me olvido
de ese cuento
y vuelvo al sueño
vuelvo al sueño
vuelvo al sueño


3.- ¿Qué es esto, un huevo? (Instrumental. Música.- Babelain)



El título es parte de un verso de un poema de Samuel Becket bastante extraño, de título Whoroscope, algo así como Horoscoño:

“¿Qué es esto?
¿Un huevo?
Por los hermanos Boot. apesta a fresco
Dáselo a Guillót.”

Pero me trae muchos buenos recuerdos de otros tiempos y se ha quedado como una frase “legendaria”.

Single con portadas:

https://mega.co.nz/#!xp9BULSb!SYvUmFoz4vZgIdOZepOZWFbdpBRYajVWFKJeNmPq6l0

También aquí:
http://www61.zippyshare.com/v/23956091/file.html

Esta segunda portada es para el lanzamiento del single en el mercado Austrohúngaro. Creemos que es más adecuada para esa zona.

(Para las portadas he utilizado dos fotos distintas del gran Man Ray, retocándolas un poco para llevarlas a mi terreno. Perdonen el sacrilegio. No he podido evitarlo.)


Marcel y Tristán

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Marcel y Tristán son dos viejos amigos que se encuentran en plena calle después de algunos años sin verse y deciden charlar un rato sentados en un parque a media tarde. Aquí solo se refleja, y de manera muy burda, el final de esa conversación

…

Marcel.- Pero… ¿quién es el guionista?????

Tristán.- No se yo si hay guionista

Marcel.- Ya, puede que haya guionista o puede que no, pero…hay un guión, de eso estoy seguro. Y el guión me tiene maniatado.

Tristán.- Pues sáltate el guión si no te gusta.

Marcel.- Pero… si me lo salto…seguro que ese salto estaba previsto en el puto guión.

Tristán.- Puede ¿y?

Marcel.- ¿Cómo que Y? Pues que…

Tristán.- Mira, yo no me complico, me levanto por la mañana y hago lo que tengo que hacer.

Marcel.- Claro, qué fácil. Yo, a veces, me levanto por la noche y no sé si poner una bomba o escribir un poema. ¿Quién elige? ¿Qué elegir?

Tristán.- Yo primero pondría la bomba y una vez relajado, cuando se disipe el estruendo y el polvo, escribiría el poema. Es un decir. Ni me gustan las bombas ni se escribir poemas. En realidad es una cuestión de prioridades.

Marcel.- ¡¡¡Y qué sé yo cuales son mis prioridades a estas alturas del melodrama!!!

Tristán.- Tampoco sé yo cuales son las mías, pero disimulo y hago como que me las sé de memoria. Cuestión de actitud.

Marcel.- Cuestión de leches.

Tristán.- Cuestión de no cuestionarse mucho. Cuestión de tirar “palante”. ..

Marcel.-Ya…

(Se despiden y Marcel se marcha calle abajo cantando a voz en grito “Soy mineroooooo”, intentado convertirse, de una vez por todas, en el dueño de sus actos a partir de ahora.)

Tristán tira en una papelera la cajetilla de tabaco a medias y jura y perjura que no va a fumar más. A continuación llama a su novia y rompe con ella porque así lo ha decidido de pronto. Entra en un bar y se emborracha a golpe de martinis. Sale a la calle y compra otra cajetilla de tabaco, se fuma cinco cigarrillos seguidos y llama de nuevo a su novia para proponerle una cena romántica. La novia, como es normal, lo manda a hacer gárgaras, pero él, con una actitud encomiable, entra en otro bar y se pone tibio de coñá. En un último intento de cambiar el guión establecido, entabla amistad con una prostituta gallega que estaba de vacaciones en el pueblo y acaban llorando los dos a moco tendido después de contarse sus penas. Las últimas palabras de Vanessa -así se llamaba la prostituta, que era muy simpática-, antes de desvanecerse sobre la barra del bar, fueron: “aunque no lo creas, soy virgen a mi manera”. Tristán salió del bar tambaleándose y se dirigió a su apartamento al otro lado del pueblo. Era noche cerrada y solo se cruzó en su camino con algún que otro gato pardo.)