En remojo

|

En remojo

         La Sra. Botella nadaba en el mar a una prudencial distancia de la orilla. Se encontraba joven y guapa en esa mañana de sol radiante. Llevaba agarrada con ambas manos una pequeña plancha de corcho semejante a una bandeja de té. Pero, le faltaba algo. No sabía exactamente qué. Súbitamente se puso a gritar a los bañistas que retozaban en la orilla:

          -Por favor, ¿podría alguien acercarme un puñadito de arena?

         Pero todo el mundo se hacía el “longuis”. Al final, la Sra. Botella decidió acercarse ella misma a la orilla a por la arena. Ya cerca de la orilla tuvo que sortear varias barras de madera donde se habían insertado unos pollos asados, a modo de futbolín gigante. Los pollos daban vueltas sobre si mismos como tratando de golpear un balón imaginario. Esto provocaba un incómodo oleaje.

         Una vez traspasado el futbolín avícola, la Sra. Botella se dirigió a la “Oficina de ventas intachables”, que se encontraba junto a los típicos chiringuitos y se presentó como “La Sra. Botella, Alcaldesa de la Villa y Corte de Madrid”:

         - Quisiera comprar un puñado de arena
         - Sra. Botella, eso sería una venta ilegal y no puedo permitírmelo
         - Y a mi que me cuenta. Vd. me vende un puñado de arena y asunto concluido
  • Mire Vd., Sra. Botella, si se pudiera vender la arena, los potentados la comprarían a espuertas y se la llevarían a sus mansiones para fabricar playas artificiales y nos quedaríamos sin playas públicas. Si quiere, cuando salga de aquí, coja un puñadito de arena de la orilla con disimulo y aquí paz y después gloria.
    La Sra. Botella frunció el ceño y salió de allí murmurando y jurando venganza, aunque, siguiendo el consejo del empleado, cogió clandestinamente un puñadito de arena, volvió al mar sorteando el futbolín de pollos asados y cuando llegó a la zona de mar en calma, depositó el puñado de arena en su plancha de corcho formando una pequeña montañita. Esta acto tan simple le proporcionó una inmensa, extraordinaria, paz interior, desconocida por ella hasta entonces, que solo se mitigó cuando vio que se le estaba arrugando la piel, como a los garbanzos, por estar tanto tiempo en remojo.

Mi Gozo en un Pozo

|

Mi Gozo en un Pozo

        Era viernes. No tan tarde como para aullar a la luna, ni tampoco como para dar la razón al fracaso. Por esa razón, o por cualquier otra que no recuerdo ahora, salí a pasear por el campo, como disimulando. Incluso silbaba muy bajito una melodía inventada (más que nada para no dar pistas a nadie de nada).
Conseguí despistarme a mi mismo, y en esas estaba, cuando me topé con un pozo. Era un pozo no muy profundo y en el fondo se movía algo. Fijé la vista, la acomodé a aquella semi oscuridad y di un grito seco y pelado por ver si aquello se movía. Pero en vez de moverse, habló.

Dijo:
  • ¿Qué pasa ahora?
  • ¿Como que qué pasa ahora? ¿Quién eres tú?
  • Soy tu Gozo. Me arrojaste al Pozo hace unos días por un “quítame allá esas pajas”
  • Pues si que estamos buenos, pero si es que eres un borde y un saborío. No me dejas disfrutar de la vida como yo quisiera. Por eso paso de ti.
  • Pero si eres tú el que no te relajas, capullo.
  • ¿Quién? ¿Yo? Menudo Gozo estás tú hecho. No sé dónde has hecho el Máster, pero vaya vaya.
  • En primer lugar, ya podrías sacarme de aquí, que esto está muy húmedo. Y en segundo lugar, ¿estarías dispuesto a dejarte llevar por mis buenas artes y salir de ese estado medio catatónico en el que tan a gusto te has instalado?
  • Pero so infeliz, si estoy mejor sin ti. Ahora no dependo de nada ni de nadie. Es cierto que estoy un poco melancólico, pero nada de catatónico como tú dices.
  • Eso dicen todos, pero los hedonistas como tú no sobreviven sin nosotros ni una semana. Y si no, tiempo al tiempo.
  • Pues tiempo al tiempo. Ahí te quedas.

            Y como ya era lo suficientemente tarde como para aullar a la luna, pero no para dar la razón al fracaso, todavía, me puse a ello. Entre aullido y aullido, iba siendo cada vez más consciente de que dejar a Mi Gozo en un Pozo, había sido una jugada maestra. Ahora me encontraba más liviano. Sin presiones ni obligaciones. Eso de gozar es para los débiles de espíritu y algunas razas de simios con ínfulas.

Auuuuuuuuuuuuuuu...

                                 Auuuuuuuuuuuu...
              

                                                            Auuuuuuuuuuuuuu

BabElAin Single.- Sentado en el porche. Qué inocencia

|

        Para desearos un Feliz Año 2014, os presento un nuevo single de BabElAin. Espero que lo oigáis al menos una vez (si no es mucha tortura jejeje).
     Los dos temas del single son de cosecha propia.


       Pues eso: Feliz Año a todo el mundo.


1.- Sentado en el porche




Sentado en el porche
(Letra y música.- Babelain)

Estoy sentado en el porche/esperando a la eternidad
un indio me pregunta/por el camino de la verdad

Iba harto de hongos/casi no podía andar
le dije que descansara/que la verdad podía esperar

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

Le invité a un tequila/y no se quiso sentar
se lo bebió de un trago/ y se puso a caminar

Le dije a voz en grito/que si encuentra a la verdad
que venga y me la presente/y así podremos charlar

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

Al cabo de un tiempo/el indio volvió a pasar
mientras yo seguía esperando/a que llegara la eternidad

Le pregunté si había encontrado/lo que había ido a buscar
y me dijo que solo mentiras/ y ni rastro de la verdad

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

Nos tomamos unos tequilas/y nos pusimos a charlar
salieron las estrellas/ y se pusieron a brillar

Pasamos un buen rato/y pudimos olvidar
tanta búsqueda y espera/de verdad y de eternidad.

Yo ya no me fio/ de lo que dice el manual
de instrucciones para vivir/viene explicado fatal

2.- Qué inocencia


Qué Inocencia
(Letra y música.- Babelain)

A veces construimos
castillos en la arena
que siempre se derrumban
y nos llenan de pena
qué inocencia
y qué tristeza

A veces nos dormimos
en nuestros laureles
perdiendo tanto tiempo
con lo poco que queda
qué inocencia
y qué torpeza

El tiempo pasa
a gran velocidad
no nos da tiempo
ni a pensar

El presente ya es pasado
y en la diana
solo nos queda
el mañana

Buscar la perfección
es como suicidarse
colgándose de un árbol
sin querer despeirnarse
qué incongruencia
y qué inocencia

Solo queda el mañana
y aún no hemos llegado
pero yo por si acaso
no pierdo la esperanza
de ver si amanece
por lontananza

El tiempo pasa
a gran velocidad
no nos da tiempo
ni a pensar

El presente ya es pasado
y en la diana
solo nos queda
el mañana



Portada para su distribución en el mercado Persa:



Link Single con portadas:


Amor sombrío

|

Amor sombrío

Una mañana, muy tempranito, buscaba la maquinilla de afeitar en un armario del cuarto de baño cuando descubro a mi sombra acicalándose y poniendo caras interesantes frente al espejo.

-¿Qué haces? ¿Te has vuelto coqueta de repente?

-Ummm… ¿yo, por qué?

-¿Por qué te he pillado arreglándote frente al espejo como si tuvieras una cita?

-Nooooooo, que va.
-Mira que te conozco desde hace mucho y tú no eres nada presumida. Algo te pasa.

-Bueeeeeeno, te lo voy a contar: Empiezo por el final. Me he enamorado de la sombra de tu mujer; como lo oyes. Ella y yo nos conocemos desde que vosotros os conocéis, pero nunca había reparado en ella más de lo normal. Vosotros no sois muy cariñosos en público a la luz del día, así que la sombra de tu mujer y yo, nunca hemos estado en situaciones comprometidas como para intimar. Vuestros juegos amorosos los dejáis para la oscuridad de la noche, que es cuando nosotros, las sombras, nos disipamos, desaparecemos hasta el día siguiente. Pero, no hace mucho, se os ocurrió ir a una playita escondida entre unos acantilados en la costa granadina. No había nadie, y allí, a pleno sol, frente al mar y contra todo pronóstico, os pusisteis a hacer el amor en plan desenfrenado. Claro, a mi me pilló de sorpresa y me ví de pronto entrelazado en una postura un poco complicada con la sombra de tu mujer. Aquello me pareció sublime. No lo había probado nunca. Lástima que, de pronto, en medio del fragor de la batalla, oímos “los cuatro” algo así como si unos niños bajaran corriendo por los acantilados, aunque luego resultó ser un rebaño de cabras montesas realizando sus imposibles cabriolas sobre las rocas. Aquello nos cortó el rollo (a los cuatro) pero yo ya había caído perdidamente enamorado de su sombra

-Mira que calladito te lo tenías ¿eh? Si no te pillo mirándote al espejo, ni me lo cuantas. Bueno, yo te podría dar algunos consejos, pero prefiero que seas tú la que vayas descubriendo todas esas sensaciones nuevas. Lo que si te digo es que mi mujer no está muy contenta con su sombra, siempre me dice “pero no ves lo cabezona que es” o “mira que perfil más grotesco” y cosas por el estilo. Tú sabrás donde te metes. Ahora, eso si, cuando hagas el amor con ella, toma todas las precauciones, no quiero que la casa se nos llene de sombritas por todos los rincones. Por ahí no paso. ¡Lo que nos faltaba!

Bab-El-Ain Single. Ni Luna ni Sol-Vuelvo al Sueño- ¿Qué es esto, un huevo?

|

Presentamos el nuevo single de Bab-El-Ain con tres temas. Dos canciones y un instrumental. En esta ocasión no hay versiones.


1.- Ni Luna ni Sol



NI LUNA NI SOL
(Letra y música.- Babelain)

Me he puesto el traje
de las tormentas
retumban los truenos
mil rayos van a caer
antes del amanecer

Sopla el viento
de otras estrellas
parece que la luna
empieza a desfallecer
Aúlla el lobo otra vez.

Los astrónomos y los poetas
están buscando una razón
de esta catástrofe
que nunca habían visto
y no tiene comparación
La Luna se estrelló.

Me he puesto el traje
de las hecatombes
esto se pone feo
el sol empieza a caer
No sé que vamos a hacer.

La luz se extingue
y en la oscuridad
la tierra se convierte
en un cementerio estelar
Ya cae la estrella polar.

Los astrónomos y los poetas
están buscando una razón
de esta catástrofe
que nunca habían visto
y no tiene comparación
Ya no hay Luna ni Sol


2.- Vuelvo al Sueño


VUELVO AL SUEÑO
(Letra y música.- Babelain)

De madrugada
abandono los sueños
y entro en ese mundo tan real
veremos este día
hasta donde nos llevará

Hipnotizado
por el canto del Búho
paseo por el bosque de cristal
camino con cuidado
si no todo se romperá

La gente del bosque
va flotando por el aire
y canta melodías
que antes nadie
había escuchado
en esta vida
nunca jamás
nunca jamás
nunca jamás

Junto al río
por donde fluye la sangre
paro un rato para descansar
y alguien me cuenta un cuento
sobre la vida real

En el cuento
nadie parece contento
viven una vida tan real
que lo que todos quieren
es huir de la realidad

Aun sigo hipnotizado
por el canto del Búho
llego a casa muy cansado
y ya en la cama
me olvido
de ese cuento
y vuelvo al sueño
vuelvo al sueño
vuelvo al sueño


3.- ¿Qué es esto, un huevo? (Instrumental. Música.- Babelain)



El título es parte de un verso de un poema de Samuel Becket bastante extraño, de título Whoroscope, algo así como Horoscoño:

“¿Qué es esto?
¿Un huevo?
Por los hermanos Boot. apesta a fresco
Dáselo a Guillót.”

Pero me trae muchos buenos recuerdos de otros tiempos y se ha quedado como una frase “legendaria”.

Single con portadas:

https://mega.co.nz/#!xp9BULSb!SYvUmFoz4vZgIdOZepOZWFbdpBRYajVWFKJeNmPq6l0

También aquí:
http://www61.zippyshare.com/v/23956091/file.html

Esta segunda portada es para el lanzamiento del single en el mercado Austrohúngaro. Creemos que es más adecuada para esa zona.

(Para las portadas he utilizado dos fotos distintas del gran Man Ray, retocándolas un poco para llevarlas a mi terreno. Perdonen el sacrilegio. No he podido evitarlo.)


Marcel y Tristán

|

Marcel y Tristán son dos viejos amigos que se encuentran en plena calle después de algunos años sin verse y deciden charlar un rato sentados en un parque a media tarde. Aquí solo se refleja, y de manera muy burda, el final de esa conversación


Marcel.- Pero… ¿quién es el guionista?????

Tristán.- No se yo si hay guionista

Marcel.- Ya, puede que haya guionista o puede que no, pero…hay un guión, de eso estoy seguro. Y el guión me tiene maniatado.

Tristán.- Pues sáltate el guión si no te gusta.

Marcel.- Pero… si me lo salto…seguro que ese salto estaba previsto en el puto guión.

Tristán.- Puede ¿y?

Marcel.- ¿Cómo que Y? Pues que…

Tristán.- Mira, yo no me complico, me levanto por la mañana y hago lo que tengo que hacer.

Marcel.- Claro, qué fácil. Yo, a veces, me levanto por la noche y no sé si poner una bomba o escribir un poema. ¿Quién elige? ¿Qué elegir?

Tristán.- Yo primero pondría la bomba y una vez relajado, cuando se disipe el estruendo y el polvo, escribiría el poema. Es un decir. Ni me gustan las bombas ni se escribir poemas. En realidad es una cuestión de prioridades.

Marcel.- ¡¡¡Y qué sé yo cuales son mis prioridades a estas alturas del melodrama!!!

Tristán.- Tampoco sé yo cuales son las mías, pero disimulo y hago como que me las sé de memoria. Cuestión de actitud.

Marcel.- Cuestión de leches.

Tristán.- Cuestión de no cuestionarse mucho. Cuestión de tirar “palante”. ..

Marcel.-Ya…

(Se despiden y Marcel se marcha calle abajo cantando a voz en grito “Soy mineroooooo”, intentado convertirse, de una vez por todas, en el dueño de sus actos a partir de ahora.)

Tristán tira en una papelera la cajetilla de tabaco a medias y jura y perjura que no va a fumar más. A continuación llama a su novia y rompe con ella porque así lo ha decidido de pronto. Entra en un bar y se emborracha a golpe de martinis. Sale a la calle y compra otra cajetilla de tabaco, se fuma cinco cigarrillos seguidos y llama de nuevo a su novia para proponerle una cena romántica. La novia, como es normal, lo manda a hacer gárgaras, pero él, con una actitud encomiable, entra en otro bar y se pone tibio de coñá. En un último intento de cambiar el guión establecido, entabla amistad con una prostituta gallega que estaba de vacaciones en el pueblo y acaban llorando los dos a moco tendido después de contarse sus penas. Las últimas palabras de Vanessa -así se llamaba la prostituta, que era muy simpática-, antes de desvanecerse sobre la barra del bar, fueron: “aunque no lo creas, soy virgen a mi manera”. Tristán salió del bar tambaleándose y se dirigió a su apartamento al otro lado del pueblo. Era noche cerrada y solo se cruzó en su camino con algún que otro gato pardo.)



Hay quien dice...

|


I

Hay quien dice que No hay Eternidad

Si se exprime el jugo
de los sueños de los muertos
(Sin incluir a los Mitos)
Entramos en otra materia
La materia de los circos
Con vuelos de trapecistas
Y elefantes barritando

Nadie en su sano juicio
se ríe del Océano (por ejemplo)
Puede que del misterio
o de los cementerios
Pero no de la Eternidad
Primero hay que sopesarla
Luego, ya vendrá el Vértigo


Y se llora por todo
Por los vivos y los muertos
Con música de chirimías
o tambores africanos
Se llora a tumba abierta
Se llora simétricamente
Con cierto protagonismo

Hay quien sueña con ser otro
surcando una partitura
arquitectónicamente perfecta
Pero el sueño se va al traste
de una forma irreversible
al saltarse los silencios
y quedarse en un bufido.


(O al saltarse un requisito, o una indicación de Satie en una de sus partituras:
“Retire la mano y métasela en el bolsillo” o Sin pestañear demasiado”,
o “Provéase de clarividencia”, o “Con un profundo olvido del presente”,
o “Con un candor recatado pero conveniente”) *


* Ver Cuadernos de una Mamífero. Erik Satie








 II

Hay quien dice que SI hay Eternidad

Si se exprime el jugo
de los sueños de los Vivos
(Incluyendo a todo dios)
entramos en otra materia
la materia del Teatro
asesinando primero (requisito imprescindible)
al tenaz Apuntador

Nadie está en su sano juicio
y se ríen en general
de todo lo que se mueve
pero nunca de Ellos mismos
Aunque luego se arrepienten
rezan siete “avemarías”
y creen en la Astronomía

Lloran siempre a escondidas
Por los vivos y los muertos
Sin música ni alharacas
y sin mirar a la Meca
Es un llanto muy viscoso
difícil de consolar
aunque el tiempo hace milagros

Hay quien sueña con No Ser
Es decir, con alcanzar
ese estado tan simpático
El de la Inmortalidad
Que persiguen incansables
Los ingenuos y los fatuos
O los cantantes de blues.

(O los encofradores turcos, o los albinos del Congo,
o los remeros del Volga, o el Lobo de Caperucita,
o la que canta boleros, o un bohemio muy muy triste,
o la novia de King Kong, o un barbero de Sevilla,
o el cura que da latín, o un poeta muy ambiguo,
o una novia ya olvidada, o una maga de Sumeria,
o un bailarín del Japón, o la Poupee qui fait non, non, non, non…)








III

Hay quien dice que Ni cree Ni deja de creer en la Eternidad

Si se exprime el jugo
de los muertos vivientes
o de los vivos más bien muertos
entramos en otra materia
la Cinematográfica
con Monsieur Hulot al volante
o en el tren con Buster Keaton

Nadie está en su sano juicio
Con el camarote lleno
riéndose de su sombra
sueñan un final felíz
como ese “nadie es perfecto”
o algún otro esperpento
que nos haga sonreír

Y en materia lacrimógena
¡ni que fueran plañideras!
Ahí explotan sus truquillos
vilmente y sin compasión
empapando los pañuelos
y olvidando por un rato
los problemas verdaderos

Hay quien sueña con la gloria
Otros con olvidarse
del pueblo en donde nacieron
ocultando sus acentos
y tiñéndose el cabello
Y todos quieren ver escrito
su nombre en aquella acera


(veremos que pasa luego, si hay o no hay Eternidad,
pero primero veamos, ¿todo esto de qué va?,
hay sospechas y opiniones, nadie sabe la verdad,
exprimamos nuestros sueños, vivos, muertos, que más da,
que por su propio peso, al final todo caerá) *

* Disculpen, no pude evitar la rima, estaba “a huevo” y salió sola.






|

Aún no amanecía

Aún no amanecía y salió a caminar. Se había pasado la noche en blanco, dándole vueltas a los mil y un problemas que había ido acumulando últimamente. Ya en el muelle, entre la bruma, aceleró el paso. Su cuerpo poco a poco empezó a perder células con la fricción del viento. Llegado el momento se quedó en el esqueleto. El espeluznante gruñido de una gaviota rompió la monotonía de la marcha. El viento producía un silbido peculiar al pasar por las cuencas de los ojos y entre las costillas. Al encontrarse más liviano, aceleró el paso aún más y las células de los huesos fueron desprendiéndose hasta que el esqueleto se desintegró por completo. El peculiar silbido se apagó. Nada ofrecía ya resistencia al viento. Nada. 

Mandarinas, abismos y flores en el pelo

|

Mandarinas, abismos y flores en el pelo

...hace un día tan luminoso que hasta me apetece levantarme. Está bien, me levanto. El agua está fría, el calentador no funciona...me c... en la leche. En fin...hay cosas peores...por ejemplo, este temblor en todo el cuerpo, como si mis miembros tuvieran vida propia, como si fueran a su bola, sin mi permiso. Hay mucha gente por los pasillos pero paso de ellos, bueno, de Magdalena no paso del todo, hoy está bellísima, a sus cincuenta y cinco años, según me dijo ella el otro día en el banco del jardín, cuando los pájaros anunciaban la noche y en mi cabeza no terminaban de fijarse unos pensamientos inquietantes. Revoloteaban como mariposas, pero no lograba atraparlos y ponerlos en orden. Aunque hoy Magdalena no me ha visto, anda con sus pequeños pasos, la mirada perdida y su media sonrisa de siempre, pero da la impresión de que ahora tiene un destino claro, un lugar donde ir, en esta mañana tan...tan...no sé, tan … que no sé, vamos, pero es una mañana fuera de lo normal. O seré yo. Pues no sé, aún no estoy lo suficientemente despierto para hacer distinciones tan complicadas. Iré al comedor a desayunar algo, me siento extrañamente juvenil, ¡qué raro es todo! ¿Porqué ayer estaba tan alicaído y me asustaban hasta los cuadros del comedor? con esos acantilados tan burdamente pintados pero que para mi eran abismos sin final por donde en cualquier momento podría caer. Me atraían de una forma extraña. Hoy me encuentro fuerte, no caeré en esa estupidez de los abismos. Si al menos fueran buenos cuadros. No sé si es mi imaginación o me pareció que Magdalena llevaba una pequeña flor blanca en el pelo ¿No sería un reflejo de las luces del techo? Me suena el estómago, será de hambre. Ayer cené poco, se me ocurrió ver un rato el telediario en la tele del salón y se me cortó el cuerpo. En el comedor quedan aún algunas personas, pero reina un silencio acogedor. Elías me saluda con la mano desde una mesa en la otra punta del comedor. Elías es lo que yo llamo un amigo. Un tipo que no se mete nunca donde no le llaman, nunca jamás, pero siempre está ahí cuando lo necesitas. No hay muchos así por aquí, o al menos yo no los he visto. Me siento con él y me cuenta un sueño que ha tenido esta noche. En el sueño, él trata de comprar fruta en el mercado, pero nadie lo atiende, parece como si fuera invisible. Va de puesto en puesto pidiendo “un kilo de mandarinas, por favor”, pero en ese mundo nadie parece darse cuenta de su presencia, así que al final, armándose de valor, coge una bolsa, la rellena de mandarinas y se va sin pagar. Se come un par de mandarinas y el resto las va repartiendo entre los mendigos que se sientan en el suelo cerca del mercado. Estos si que ven a Elías y a las mandarinas y le dan las gracias respetuosamente por el regalo. Elías se ha levantado esta mañana muy feliz y ahora me cuenta su sueño con cara de niño travieso. En el jardín me ciega el sol por un momento y pienso en el Apocalipsis, no se porqué, yo soy agnóstico de pura cepa. En cosas peores me he entretenido, cuando dejo fluir libremente mi imaginación, algunas de esas interminables tardes de verano, esperando que algún familiar venga a visitarme al manicomio. No estoy seguro de haberme tomado la medicación esta mañana...

El Doble

|

El Doble

       Me lo había dicho ya tanta gente que no tuve más remedio que ir a comprobarlo yo mismo.

     En una ciudad del norte había un tipo que era absolutamente clavadito a mí. Todos coincidían en la descripción: tímido, prudente, atractivo, misterioso, escurridizo, amigo de la soledad, imprevisible, ni alto ni bajo, abstemio, poco hablador, relativamente culto, un muermo para algunos, encantador para otros…

    Me habían dado tanto la lata que decidí presentarme en esa ciudad y demostrarle a todo el mundo que como yo no hay otro, faltaría más. Cogí el AVE y en unas horas me planté en B. Me habían informado en donde vivía, donde trabajaba y que garitos frecuentaba (eso ya me sonó raro, yo no suelo frecuentar garitos a estas alturas de la película).

     Como llegué al mediodía, decidí esperarlo a la salida del trabajo, oculto tras unos arbustos de un jardín cercano. A eso de las dos de la tarde empezó a salir gente de la empresa donde trabajaba “mi doble” (¿o era yo “su doble”?). Me quedé estupefacto cuando lo vi. Era mi vivo retrato (o yo el suyo). Además se montó en una Vespa igualita que la mía y se incorporó con prudencia al intenso tráfico que reinaba en la calle en esa hora punta.

    Busqué un restaurante para comer. Era uno de los que me habían dicho que a veces iba mi doble. No hubo suerte pero comí de maravilla (ni mucho ni poco, un menú equilibrado, dentro de lo equilibrado que se puede comer en un restaurante normal).

  Por la tarde, sin dormir la siesta (y esto es algo que no suelo perdonar) fui a tomar una copa (muy rara vez voy a los bares a tomar una copa) a otro de los sitios que supuestamente frecuenta nuestro “amigo”. Ya iba por la tercera copa (y eso que soy abstemio) cuando mi doble se presenta en el bar con gabardina y sombrero (de esa guisa vestía yo también ese día, en plan Philip Marlowe). Se escurre hacia un lateral y ocupa una mesa medio oculta detrás de una columna, no muy lejos de donde me encuentro parapetado estratégicamente también tras otra columna. Lee un periódico que el bar facilita a sus clientes.

   El bar es silencioso y puedo oír que mi doble pide con voz queda un té con canela, añadiendo un “por favor” al final. El camarero le pregunta si quiere algo de comer, pero mi doble, a esa hora no suele comer nada (como yo, por cierto)

   En una especie de arrebato y después de pensármelo varias veces, me atrevo a levantarme, acercarme a su mesa y sentarme frente a él, copa en mano, sin pedir permiso.

  Mi doble me mira disimulando su asombro (lo se porque yo disimulo muy bien también en este tipo de situaciones). Nos miramos a los ojos, sin avasallar, durante un tiempo que no sabría concretar y de pronto, sincronizadamente, alzamos nuestros vasos y los entrechocamos en un brindis silencioso. No tenemos nada que decirnos, lo sabemos todo el uno del otro con solo mirarnos, así que dejo mi copa en la mesa, intentamos ambos una leve mueca de simpatía mutua, me levanto y salgo del bar sin que nadie note mi ausencia, excepto mi doble, al que no parece importarle mucho (o al menos, lo disimula muy bien)