
(IV)
Marta y Jimmy se llevaban muy bien. Eran verdaderos amigos y no aspiraban a otra cosa. Parece mentira pero era así. Había un secreto que Jimmy atesoraba y que jamás había contado a nadie ni pensaba contarlo. Aunque no sabía si era fantasía o realidad, había llegado a la conclusión de que era bisexual, al menos aparentemente. Solo había comprobado que el sexo con mujeres le satisfacía plenamente, pero no quería compromisos ni ataduras.
Nunca lo intentó con hombres, es más, le daba miedo intentarlo, pero sentía una atracción especial por un tipo de hombres, los tímidos y al mismo tiempo, inteligentes, con intereses artísticos. Si encima amaban o practicaban la música clásica, miel sobre hojuelas. En tal caso, entraba en un estado parecido al enamoramiento que no había sentido con ninguna mujer. Pero todo quedaba en una especie de amor platónico, cinematográfico; de cine francés para ser más exacto.
Marta era unos años más joven que él, recientemente había terminado Bellas Artes y aún no tenía muy claro por donde tirar. Tenía imaginación para rato y no parecía aburrirse con su vida. Amigos no le faltaban, ni ilusión tampoco. Mientras pudiera seguir reinventándose de vez en cuando, no habría problemas.
Jimmy bajó a por pan recién hecho, Marta se levantó, preparó café y desayunaron pausadamente. Hablaron de ir algún día al teatro o de ver a algunos amigos que tenían olvidados, también de hacer alguna excursión campestre para recordar los viejos tiempos. Luego, Marta se fue y Jimmy, después de una ducha rápida, se vistió y se fue a trabajar. Tenía una imprenta de diseño gráfico con su amigo Willy, en la que satisfacía sus inquietudes artísticas.
Por el camino pensaba que el fin de semana lo había dejado un poco trastornado pero al final se quedó con una sensación agridulce al recordarlo.
FIN









