
Supongamos
Supongamos que he soñado con hombres y mujeres sin un solo pelo en sus cuerpos. Sus bocas estaban selladas. Se habían olvidado de hacerles la abertura de separación de los labios. Como pasa con las hojas de algunos libros recién salidos de imprenta. Se comunicaban por gestos con gran velocidad. Los ojos eran muy expresivos. Con apenas una mirada se entendían.
Supongamos que ahora estoy desayunando en el jardín y la tostada con mantequilla se me cae al suelo (el lado de la mantequilla hacia abajo, por supuesto) doy un sorbo al té y suelto un exabrupto, una maldición, una barbaridad…y me quedo supuestamente relajado mirando hacia el mar. Parto la tostada en varios trozos y se los echo a los pájaros que vienen raudos al banquete matinal. Recuerdo de pronto que en el supuesto sueño, los animales si hablaban, como cotorras. Los monos, los cuervos, los ciempiés, los ornitorrincos, los gusanos, los cangrejos, las cebras, los loros…charlaban por los codos. Los pájaros que vienen a comer las migas de pan no hablan, solo pían.
Supongamos que es una mañana de domingo y que es muy temprano. El sol apenas calienta y por un momento imagino (supongamos) que soy un anciano que escribe una novela en su jardín. En esa novela, al principio yo no existo y el anciano me va creando poco a poco. Llega un momento en la novela que coincide con el momento actual en el que, supongamos, estoy en el jardín imaginando que un anciano…
Termino de desayunar, el sol empieza a calentar. Busco mi gorra de paseo, supongamos que ya casi es primavera, no hay tiempo que perder…









