El Inquilino. Relato

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EL INQUILINO

El Pintor arrojó los pinceles a la chimenea. No había nada que plasmar. El lienzo quedaba “transparente”. La luz traspasaba las ventanas sin quedar atrapada. Los pinceles gemían en la hoguera. El café humeante quedó en la mesa. Una tímida sonrisa apareció en su rostro. Lentamente se calzó las botas, recogió su raido abrigo y se fue. Nunca más volvió.

El Nuevo Inquilino, sentado en un sillón removía la telilla de moho que se había formado sobre el café. Hacía mucho frio. Nerviosamente abrió su baúl, sacó los cuadros y los distribuyó por el cuarto.

El Cuadro 1 reproducía una escena tierna, un vagabundo con un parecido asombroso al Pintor, compartiendo su mendrugo de pan con un perro callejero. La sonrisa del vagabundo es casi inhumana; el perro esconde el rabo entre las piernas; al fondo un coche escupe un humo infernal; la calle es completamente gris y el humo deja ver poco más que una farola donde una prostituta observa desinteresadamente la escena.

En el Cuadro 2, el vagabundo se ha transformado en un escritor bohemio. Está entrando en su casa; el suelo de la calle está cuajado de hojas que se arremolinan con el viento. Vuelve de un paseo, la boina en la mano. Por la pequeña rendija de la puerta se vislumbra un jarrón sin flores encima de la mesa y al lado, una máquina de escribir. En la calle, al fondo, a la izquierda, un coche escupe un humo infernal que casi oculta a una niña con abrigo y bufanda, llevando una olla humeante de comida.

En el Cuadro 3, se ve al vagabundo convertido en el Pintor en el momento de abandonar su casa para siempre. Se ve de perfil, con una media sonrisa en los labios. Está traspasando el umbral de la puerta; a través del lienzo “transparente” se ve la hoguera donde arden los pinceles y la mitad de la mesa donde reposa el café.

En el Cuadro 4, que es un espejo, se ve al Nuevo Inquilino, removiendo el café y a los cuatro cuadros colgados de las paredes, desafiando a las leyes de la perspectiva. El cuarto cuadro dentro del Cuadro 4, es un espejo que sigue reflejando fielmente la situación.

6 comentarios:

babelain dijo...

La foto es esta mañana, al terminar de pasar el relato al ordenador.

Freaky Boy Hood dijo...

Un encuentro entre Auster y Borges en casa de Escher... :)

Un abrazo

babelain dijo...

Salvando las distancias, claro. No está mal el comentario, Freaky jejeje.
Muchas gracias.
Saludosssssssssssssssssssssssss

Freaky Boy Hood dijo...

Eso me vino a la mente...

jajaja

Un abrazo

vikingo dijo...

No me jodas Bab. Yo fui el ultimo inquilino de esa habitacion de la foto, justo debajo de ese espejo y de ese poster de boxeo dormi... no sabia que habian ocurrido cosas tan interensantes alli mismo... al menos dentro de tu cerebro. Genial relato, cuadros sucesivos dentro de espejos... yo no me encontre con eso... pero ahora que lo dices...

babelain dijo...

Desde tu última visita han cambiado las cosas. Mis cervicales están más machacadas aún; a Mavi se le ocurrió cambiar las habitaciones y todo ha cambiado de sitio, muebles, camas, sofás, una puerta nueva etc.. De todas formas, fíjate la próxima vez, que siempre ocurren cosas que normalmente se escapan si uno no está atento jejeje

Gracias, Viking.

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