Querido Alberto II (de III)

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 E-mail enviado a las 02:30 de la madrugada. Después de la noche de estreno de la obra de teatro de Raquel.


Querido Alberto:

            Estoy confundida, aunque no se si esa es la palabra que explica mi estado. Te cuento: durante la representación de la obra, este público tan respetuoso, tan educado, tan hipócrita diría yo, no dejaba apenas traslucir su opinión. Me daba la impresión de estar en una sala de despiece de vacas congeladas. Había un silencio insano salpicado de algunos murmullos apagados que yo interpreté como de desaprobación, o al menos no pude notar ningún atisbo de complicidad con la representación.

 Cuando la obra terminó con el suicidio colectivo de la familia al completo, al principio hubo silencio y luego, algunos espectadores iniciaron un tímido conato de aplausos, los demás carraspearon un poco, murmuraron otro tanto, se levantaron y salieron. Yo estaba en primera fila y me quedé allí sentada hasta que salieron todos. Me di la vuelta y caminé por el pasillo central como saliendo de un funeral.

 Sentado en una butaca hacia la mitad de la sala había un hombre pensativo. Al pasar junto a él, nos miramos. Me quedé parada y no se que resorte saltó en mi pero me atreví a preguntarle su opinión sobre la obra. Me miró muy fijamente durante unos instantes y me preguntó si yo era la autora. Al principio pensé decirle que no, pero ya sabes que no se mentir. Me dijo que la obra tenía un gran potencial pero que la forma de interpretarla no la hacía creíble. Le pregunté si era crítico literario y me dijo que era director de teatro.

Salimos a la calle y fuimos a un bar a tomar un café. Nos entendíamos bastante bien y me ayudó a pasar el mal trago de la reacción del público. Luego me acompañó hasta el hotel y en la puerta, al ir a despedirnos, me vio tan desamparada que me abrazó como un colega de profesión y en ese momento me sentí como en un refugio de montaña, sentada al lado de la chimenea mientras fuera la nieve cae copiosamente. Me miró a los ojos y me dijo que dentro de dos días su compañía salía de gira por Sudamérica y me preguntó si me iría con ellos. Me pilló de sorpresa, jamás pensé que podrían proponerme algo parecido. No sabía nada de mí, si tenía familia, trabajo, compromisos etc…no supe que contestarle, solo le sonreí. Me dijo que volvería al día siguiente para desayunar conmigo y hablar del tema.

Como verás, la palabra confundida no explica mi estado, voy a intentar dormir aunque no se si podré. Mañana temprano te llamo.

¿Me sigues echando de menos? A mi no me ha dado tiempo hoy como habrás podido comprobar.


                    
                                                                                       Raquel

9 comentarios:

babelain dijo...

2ª entrega. Ya solo falta una llamada telefónica, pero eso será otro día.
Saludosssssssssss

chatnoir dijo...

Que intriga... ;)

Besos.

Ficus dijo...

Vaya, yo he llegado cuando ya estaba publicada la segunda entrega y esto empieza a ponerse interesante.
Veremos en que desemboca.

Un abrazote.

Napi dijo...

Pues sí que se le pone interesante el asunto a Raquel, nuestra mega-sensible autora. ¿Saaldrá de gira a exponerse a públicos más sinceros y temperamentales.
Espero impaciente la conclusión, veremos por donde tira la cosa. Gracias Bab

Johnny dijo...

Me acabo de empapar del anterior episodio también. Habrá que ver, ese final de la obra con suicidio colectivo es difícil de asimilar. No consigo imaginarme que nos puede deparar el último capítulo. Abrazossssss.

babelain dijo...

Chatnoir, mañana el desenlace.
Gracias por la visita.
Saludosssssssssssss

babelain dijo...

Ficus, desemboca en...bueno, mañana te lo cuento.

Saludossssssss

babelain dijo...

Napi, ni ella misma sabía lo que hacer, imagínate yo jejeje

Saludossssssssssss

babelain dijo...

Johnny, en el suicidio colectivo uno está más "acompañado" jejeje
Mañana veremos.

Saludossssssssssssss

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