El pastor

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EL PASTOR

Vivimos en una casita en el campo. Ayer al atardecer, mis dos hijas, de ocho y diez años, de carácter alegre y dulce, habían salido a jugar a un pequeño prado que no está lejos, aunque antes hay que pasar por un estrecho desfiladero. Cuando anochecía y vi que no volvían tuve un presentimiento y salí en su busca.

Al llegar vi que dos niños asilvestrados de pelo alborotado y ojos muy claros jugaban con ellas de forma un tanto violenta. Uno de ellos había rodeado con sus brazos a una de mis hijas y la había lanzado como se lanza a una peonza. Ellas, a pesar de que les atraía el juego, estaban empezando a asustarse. Me acerqué, las cogí de la mano y me despedí de los chicos sin querer molestarlos, precavidamente. Ellos, casi amenazantes, me preguntaron si podían venir con nosotros; les dije que no, que teníamos unos perros sueltos en el jardín que eran peligrosos. Me dijeron que los encerrara y les dije que no podía. Se quedaron en el prado a regañadientes, pero no me fiaba mucho de ellos. Cuando llegamos al desfiladero, estuve muy atento por si los niños nos seguían y se les ocurría tirarnos piedras desde las rocas. Hacia la mitad del desfiladero, en una roca, por encima nuestra, a la derecha, nos encontramos con una especie de aparición: un pastor, de pié apoyado en su bastón, sobre la roca saliente y rodeado de algunas cabras, casi inmóviles, daba la impresión de que fueran a caerse sobre nuestras cabezas. La luna llena, que no se veía, los alumbraba desde atrás, envueltos en brumas blanquecinas; no nos prestaron atención; eran como estatuas de mármol. Después de caminar un rato, vimos el humo de la chimenea de nuestra casita; los perros se acercaron ladrando y moviendo el rabo. En la mesa nos esperaba una cena caliente.

5 comentarios:

vikingo dijo...

Bab, yo no se muy bien lo que quieres decir con tus pequeños relatos. El caso es que, a mi me pasa, me meto de lleno en ellos y me gustan. Lo cuentas de una manera sencilla pero que te hace meterte dentro y vivirlo como si estuvieras alli, observandolo.
La ilustracion es inconfundible de Mavi, no?.

Gracias por hacerme sentir estas sensaciones.
Un abrazo.

babelain dijo...

Viking, no te preocupes, yo tampoco se lo que quiero decir, pero lo digo como me sale. La ilustración es de Mavi como bien dices. Muy buena, ¿verdad?. Gracias a ti. Saludosssssssss

Paco dijo...

Es un placer leer tu relato escuchando tu magnífica versión del I need you de los Kinks.Ya que está a punto de comenzar el curso voy a recopilar algunos de tus microrelatos para comentar con los alumnos.Yo creo que será interesante saber qué les sugieren.¿Qué ha podido pasar,qué puede suceder a continuación?Ya hablaremos.Un abrazo.PD:Sigue pariendo música y letras.

babelain dijo...

Hombre, Paco, ya me contarás lo que opinan tus alumnos; podría aprender mucho de ellos, seguro. Ellos lo desmenuzan todo. Gracias por tus palabras. Un abrazo

Curioso, mis microrelatillos en las aulas. Quien lo diría.

Napi dijo...

Inquietante, Bab, esto resulta, cuando menos, inquietante . . . tiene un cierto aire onírico muy bien subrayado por la ilustración (esos gestos infantiles, rayando lo naif, me encantan, Mavi)

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