La novia mulata, Keith Moon, Haendel y un mendigo

|

La novia mulata, Keith Moon, Haendel y un mendigo

Tuve hace mucho tiempo una novia mulata un tanto quisquillosa. En cierta ocasión, en el fragor de una de las batallas amorosas, llegando al momento culminante, me equivoqué y susurré el nombre de una antigua amante (a cualquiera le puede pasar, ¿no?)

Me dio un empujón y mirándome con furia a los ojos me dijo:

-¿Quién ese esa fulana?

-¿Qué fulana?

-La que acabas de nombrar embelesado, so idiota

-¿Yooooo? Pero si no he abierto la boca

-Quítate de mi vista ahora mismo, pedazo de…

Salí de la cama, bajé a la calle pero la puerta no daba a la calle, era la entrada del Infierno. Por alguna extraña razón pregunté a un tipo que andaba por allí:

-¿Has visto a Keith Moon?

-Claro, ¿y quién no? al fondo a la izquierda lo encontrarás

Efectivamente, lo encontré bebiendo vino de Burdeos en medio de un corro de gente variopinta. Me presenté y le dije que estaba haciendo una versión de un tema de The Who y lo más complicado para mí era la parte de la batería, que si podía darme algún consejo para salir airoso ya que Keith Moon solo había uno. Sonrió y me dijo que sustituyera la clásica batería por una batería de cocina con muchos cacharros y que le pegara con toda la fuerza y velocidad que pudiera, aderezando el momento con muecas irónicas, casi con desprecio en el gesto. (Se imitó a si mismo durante unos segundos para ilustrar con el ejemplo) Le di las gracias a pesar de que sabía que me estaba tomando el pelo y me despedí. Salí por la puerta del Infierno, desgreñado y sudoroso. La puerta de salida daba a una gruta que comunicaba con el fondo del océano.

Descansé sobre la cubierta de una goleta hundida. Desde la bodega de la goleta salía un extraño sonido que poco a poco identifiqué como la “Música Acuática” de Haendel, más exactamente, la segunda suite .

Tardé en descubrirlo porque debajo del agua, el sonido era muy peculiar, por mucho que fuera una “música acuática”. Antes de que aquello empezara a parecerse a una película de Walt Disney con pececitos y sirenas bailando, seguí mi camino.

Al poco rato encontré otra gruta, entré en ella y el océano desapareció. Ahora estaba en un pequeño parque de una gran ciudad. Me senté en un banco, se me acercó un mendigo y me ofreció una manzana muy verde. Le pedí que posara para mí porque me pareció que allí había una foto curiosa. Lo hizo con mucho gusto y con la mejor de sus sonrisas, aunque nadie lo diría. Desde aquella “captura”, el mendigo vive dentro de mi cámara de fotos. Para saber cómo se encuentra, de vez en cuando conecto la cámara al ordenador y descargo imágenes del mendigo, en poses que el inventa para tenerme informado de su estado de ánimo. Hasta el momento, parece que le va bien allí dentro.

10 comentarios:

babelain dijo...

La ilustración es de Mavi. La foto la hice hace un par de días, momentos antes de que la policía local le pidiera los papeles al pobre mendigo (valga la redundancia)
Saludossssssssss

Johnny dijo...

Susurrar el nombre de otra amante en el fragor es un grave error. Genial relato, en tu onda. Un abrazo.

babelain dijo...

Johnny, es lo que yo digo, "en boca cerrada no entran moscas" pero... el fragor es el fragor ¿no?
Gracias por la visita.
Saludosssssssssssssssss

Ficus dijo...

Que carácter tan impulsivo tenía la señorita, eso de equivocarse en el fragor puede ocurrirle a cualquiera. De hecho a mi me ha sucedido con mis últimas mil cuatrocientas sesenta y tres ex, jejeje...
Solo a ti se te ocurre pedirle consejo a un drummer in speed como Keith Moon jejeje...

Un abrazote.

babelain dijo...

Ficus, tengo la solución para nuestro caso. A partir de ahora, a nuestras amantes le exigiremos que vengan a la cama con el D.N.I. y así evitamos confusiones engorrosas. ¿Qué te parece? y si se niegan, que pase la siguiente, ¡faltaría más! menudo poderío eh? (todo parecido con la realidad...)
Y de Keith Moon se podía esperar cualquier cosa, ¿verdad?
Saludossssssssssssss

susu petalos dijo...

Qué bueno,pregúntale al mendigo no vaya a ser el genio de la cámara maravillosa.Saludos.
Por cierto no sé que pasa en mi blog,que no me deja ver comentarios ni contestar.

babelain dijo...

Susu, más quisiera el pobre mendigo. En realidad, al mendigo que me inspiró el relato lo veo casi a diario sentado en la puerta de una iglesia. Hoy tenía varias heridas en la cara, seguramente de haberse caído anoche en plena borrachera. Cuando paso junto a él me mira desde un mundo muy lejano. Probablemente él piense lo mismo de mi.

Lo de los comentarios me pasó también hace unos días por problemas de blogger y se quitó solo. Suerte.

Saludossssssssss

Mara Bunta dijo...

Jejeje...muy bueno Bab.

:)

babelain dijo...

Mira por donde, Mar existe todavía. ¿Donde te habías metido?
Gracias por la visita. Espero que no desaparezcas tanto tiempo otra vez.
Saludosssssssssssssssss

fito dijo...

Buena esa puerta, bab, la mulata se quedo si sus sueños.
¡Saludoooooooooooos!

Publicar un comentario