La Fama

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La Fama

            Era un escritor mediocre, pero él no lo sabía. ¿Mediocre para quién? Pues no sé, pero seguro que era mediocre. Me explico. No había alcanzado la fama que anhelaba, pero esto no es motivo para considerarlo mediocre, la fama es un mero “accidente”. Y por eso mismo, por no ser famoso, quería que su obra trascendiera de alguna forma. Pensó en el suicido para obtener el reconocimiento deseado y que todos hablaran de su obra, incluso dejaría alguna novela póstuma, que da mucho prestigio;  pero ¿cuál sería el motivo de su suicidio? ¿Qué carta dejaría para la posteridad justificando tamaña decisión? Se puso a escribir notas de despedida, pero no daba con una que resultara “genial”, una que pudieran citar con orgullo otros escritores o lectores en un futuro. Ahí se dio cuenta de que algo fallaba. ¿Cómo un escritor que presume de ingenioso no da con el tono, la medida y el color que merece una nota tan importante como es la despedida de este mundo mediante un sonado suicido?

            Empezó a dudar de su talento, lo que le provocó una gran melancolía. Sin darse cuenta, al entrar en ese estado neblinoso de duda melancólica, se fue convirtiendo progresivamente en un escritor con una profundidad y visión únicas que antes no llegaba a vislumbrar. Trabajó durante un tiempo sumergido en esas profundidades, olvidándose de la fama o el reconocimiento. También se olvidó de la idea del suicidio. Publicó su nueva obra que con el tiempo fue reconocida en su justo valor. Su nombre empezaba a circular en revistas literarias y círculos culturales del país, incluso traspasaba  fronteras y sus libros se traducían a varios idiomas.

            Cuando la fama le llegó de golpe, fue como un vendaval que arrasó con todo. Le cambió la vida. Entrevistas, reuniones, conferencias, editores  en su busca, mujeres que le admiraban y querían una cita, artículos para suplementos dominicales etc.…

            Después de un tiempo soportando los envites de la popularidad, se sintió cansado de todo, dejó de escribir y como su obra empezaba a dar jugosos beneficios, incluso la mediocre, que se había vuelto a editar dado el renombre que había adquirido, compró una casa de madera junto a un lago, apartada del gran bullicio. Allí, en plena naturaleza y en soledad, se dedicó a pescar y a leer a los clásicos junto a la chimenea. Nunca nadie más supo de aquel escritor que anhelaba la fama y que cuando le llegó, se retiró por no poder soportarla. Murió de viejo, la muerte le sorprendió dormido en su cama, en una noche tormentosa de otoño, mientras llovía a mares sobre las mansas aguas del lago.

13 comentarios:

babelain dijo...

Nueva ilustración de Mavi.
Saludosssssssss

Paco dijo...

Ese estado neblinoso de duda melancólica le llevó a ser un gran escritor. Es lo que necesitaba: no la fama, sino mejorar su profundidad y visión...
Llevar la fama a cuestas, cuesta. Que me lo digan a mí...
Geniales relato e ilustración, como siempre.
Abrazos gigantes.

Jose dijo...

¡Qué placer morir así...!

babelain dijo...

Paco, que te lo digan a ti, no? todo el día en las revistas del corazón (o del riñón?) así no se puede.
Gracias.
Saludosssssssssss

babelain dijo...

Jose, firmábamos ahora mismo, no?.

Saludosssssssssssss

Ficus dijo...

Pues esa es la prueba palpable de que en la fama, como en todos los ordenes de la vida, no todo el monte es orégano.
Aunque en este caso (y tirando otra vez de chascarrillo) no hay mal que por bien no venga, y el hecho de conseguir lo que presuntamente ansiaba, le llevó al ascetismo, que fue lo que le copó realmente.

Un abrazote.

Napi dijo...

Bab, este mini-relato trae a mi recuerdo a J.D. Salinger, el de El Guardián Entre El Centeno, con su aversión a lo público y sus misticismos después del exitazo.
Directo y precioso cuentecillo, Bab, y no menos la ilustración, Mavi, gracias por tanta belleza (que, como decía Trecet, es la única protesta en este asqueroso mundo).

Un abrazote a ambos

babelain dijo...

Ficus, pues si, en este caso también funciona eso de no hay mal que por bien no venga.

Saludosssssssss

babelain dijo...

Napi, Salinger es el caso más famoso quizá, pero incluso aquí en Cataluña tenemos un caso parecido en el escritor Miguel Bauça, poeta balear, y que hace unos años vivía en Barcelona, apartado del mundo en general, se murió y nadie se dio cuanta hasta pasar un tiempo. Se comunicaba con su editor mediante un apartado de correos. Otro que tal baila es Thomas Pynchon, que envió a un actor a recoger un premio que le habían concedido. Otro famoso que odia la fama.
Saludossssssssssss

Johnny dijo...

El mundo está plagado de grandísimos mediocres. Así son las mejores personas que he conocido en mi vida. Abrazossssssss.

babelain dijo...

Johhny, más que mediocres, yo diría gente corriente, normal, la de toda la vida, no? dejemos la mediocridad para los políticos y otras hierbas jejeje
Saludossssssssssss

Milena - en danza dijo...

Hola babelain, me picó la curiosidad y he venido a conocerte...

Conseguir lo que uno se propone y luego saber-poder prescindir de ello,
te procura descanso profundo-eterno.

Qué bonita ilustración, con tu permiso me quedo por aquí echando un ojo.

babelain dijo...

Milena, que bien que te pique la curiosidad. Cuando eches el vistazo verás que (además de la música, los escritos y las fotos que publico) te darás cuenta de que Mavi es una gran dibujante y escultora. Por aquí puedes echar un vistazo a los gráficos. Pronto tendrá un blog pare ella sola donde expondrá sus trabajos. Para mi es un lujo tener una colaboradora tan excepcional en casa.

Saludosssssssssss

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